JOSÉ ANTONIO NIETO PIÑEROBA
Catedrático emérito, UNED
RESUMEN: El artículo analiza la imbricación existente entre los relatos y los hechos. En paralelo, muestra de qué manera los dichos se superponen a la realidad social. Se recurre, a modo de ejemplo, a la presencia de Dios en el lenguaje oral y escrito. Presencia que en la realidad viva resulta inencontrable. El ámbito elegido es la sociedad española. A tal proceder lo denomino idolatría lingüística.
Se observa como el hecho de echar sustituye tantas veces al hecho de hacer. En ese proceder, la irrealidad cobra protagonismo. En la práctica trata de imponerse como una falsa realidad de hechos inexistentes. Se reproduce la irrealidad de Dios en distintos apartados: el relato divino, monoteísmo versus politeísmo, creencias y omnipresencia. Se indican los distintos grados de presencia y asiduidad de las personas que invocan al Altísimo.
Se distingue entre creyentes adoradores y creyentes invocadores. De estos últimos se señalan las diferencias que revelan entre ellos. Unos, en sus jaculatorias, expresan la consagración divina. Otros, en sentido contrario, no solo niegan la consagración, también la repudian. Finalmente, se construye un palabrero o abecedario de la A a la Z. Aunque no sea exhaustivo, se entiende que es una representación con entidad numérica suficiente para avalar la idolatría lingüística expuesta.
PALABRAS CLAVE: Idolatría lingüística; realidad social; Dios; sociedad española; creencias.
THE UNTRACEABLE OMNIPRESENCE OF GOD
ABSTRACT: The article analyses the interweaving of fiction and fact in Spanish society, examining how language is superimposed on social reality. By way of example, it is used to indicate the presence of God in oral and written expression, which in reality, is not substantiated by the lived experience. This phenomenon is referred to as linguistic idolatry. This analysis observes how the verb “echar”, often substitutes the verb “hacer”. Here, unreality takes centre stage, attempting to impose itself as unsubstantiated fact. References to God are reproduced from different constructs and with varying degrees of assiduity, including the divine narrative, monotheism versus polytheism, belief and perceived omnipresence. A distinction is made between worshiping believers and those who invoke God without commitment, further categorised by their expressions of acceptance or rejection of consecration. Finally, the article also includes a verb index which, although inexhaustive, is a sufficiently comprehensive representation to illustrate the linguistic idolatry presented.
KEYWORDS: Linguistic idolatry; social reality; God; Spanish society; beliefs.
Recibido el 20/12/2024
Aceptado el 22/05/2025
El dicho es aplicable en todo lugar, incluyendo el más inverosímil e inexplicable. Aquí, el dicho se aplica a la omnipresencia de Dios en el lenguaje. Concretamente, en castellano. La abundancia de dichos populares que invocan a Dios en la comunicación oral y escrita de la sociedad española es polivalente y significativa, a pesar de la imposibilidad de localización de la presencia fáctica del dicho aludido. A la frecuencia de dichos en el lenguaje articulados celestialmente decido presentarla como idolatría lingüística. Se intentará mostrar cómo la presencia divina tiene mucho de relato y poco de dato. En el recorrido habrá que ser muy cuidadoso, porque es evidente que el dato conforma la realidad social, pero surge una pregunta: ¿la realidad social también viene conformada por el relato?
La respuesta, en un principio ambivalente, acaba siendo categórica. Cuando el relato circula en sociedad sin justificación fáctica alguna, sin basarse en hechos y con la intención generalizada de desestabilizar la realidad, es obvio que también conforma la realidad social. La captación de seguidores de embustes se acomoda en sociedad con la finalidad de modelarla a su antojo y manera, sin verificación ni demostración que acredite la presencia de una acción determinada. Así, se sustituye el participio hecho del verbo hacer y, en su lugar, se practica la visualización de un echo, primera persona del presente de indicativo del verbo echar. En otras palabras, se pretende cimentar una realidad de hechos inexistentes. Se construye una realidad falsa y abusiva, una irrealidad. Es decir, la farsa del relato inventado y especulativo, aunque no confirme el dato, también conforma la realidad social. Por ende, cabe resaltar aquello de del dicho al hecho hay un gran trecho.
Sobre todo en épocas, como la presente, en que infundios, bulos sofisticados, invenciones fraudulentas, troleos, narrativas engañosas y montajes propagandísticos tratan de imponer sus falsedades. Indistintamente del sustantivo utilizado, presenciamos la voluntad de fracturar la sociedad con la mentira. El constante vapuleo, con la finalidad de taladrar la verdad, es un fracking aplicado a la realidad social, a la vida misma. Un equivalente a la perforación de la roca para conseguir la extracción de hidrocarburos. Un hostigamiento reiterado, acompañado de mucho ruido y vibraciones mediáticas que dan pábulo a cruzadas de desinformación. De modo que los correveidiles populistas de falacias logran, tantas veces, que se impongan, en el corredor comunicativo social, las mentiras, las medias verdades y las insinuaciones de verdad soterradas por la calumnia.
En lo que sigue, se hará un retrato somero de la irrealidad de Dios que, sin embargo, tiene existencia en la realidad social. No se trata de un bulo voraz, inoportuno y tergiversador, que se aprovecha de circunstancias y momentos puntuales. Es una creencia infundada que tiene su origen en la noche de los tiempos. Los pasos que seguir se darán en desacuerdo con el libro de recetas de las religiones, pero sin crispación ni estridencia; en ningún momento se recurrirá a airear la ofensa ni a ventilar el improperio. Se abordará de manera similar a la crítica que se puede hacer a la planicie terrenal del explicativo terraplanismo o a la insólita y negacionista verbalización de presentar los copos de nieve como ínfimas partículas de plástico. Se trata de oponer la racionalidad a la creencia.
En el relato bíblico se nos presenta a Dios como un Ser Supremo, al que se caracteriza con tres atributos de muy alto voltaje: la omnipotencia, la omnisciencia y la omnipresencia. Su capacidad de Gran Hacedor no acaba en los atributos señalados. Dios es el principio y fin de todo lo que nos rodea, creador del universo, del cielo y de la tierra, de Adán y Eva; a la par que es nuestro salvador, nuestro guía, nuestro protector y nuestro juez. La palabra de Dios es nuestra referencia ineludible. El relato también nos presenta a Dios como un Ser etéreo, sin ningún punto débil. A diferencia de los humanos, que siempre tenemos que combatir un frustrante talón de Aquiles. Y, por pequeño que sea el incordiante talón y aunque tratemos de esconderlo, nos obstruye el paso.
En paralelo al párrafo anterior, el relato creativo de Dios es incomparablemente superior al relato mitológico del taimado rey Midas que tenía la capacidad y el talento de transformar en oro todo aquello que cayera en sus manos. Además, a Midas se le puede recordar puntualmente, pero Dios está siempre en nuestra cabeza. Arrasa. Su poder es absoluto.
Por otro lado, la creatividad de Dios tampoco se puede comparar con el presunto poder relativo de un visionario cuyas suposiciones y visiones —por muchos seguidores que tenga— son irrisorias en comparación con las del Gran Creador. El alcance de su persuasión, su convicción y su nivel de aceptación es muy limitado. A modo de ejemplo, Nostradamus. Dejo para el lector el calificativo apropiado que se merece la predicción profética de un personaje visionario del siglo XVI que situaba el fin del mundo en el año 3797.
Bajo estas premisas, pudiera afirmarse que Dios es TODO. Y cuando todo es TODO, TODO es nada. O peor, un desbordamiento; pero, aun así, la idolatría a Dios no cesa: se le idolatra por medio de invocaciones verbales y escritas. Es más reducida que en tiempos pretéritos; no obstante, nos acompaña, a manera de reverberación, en el presente. Una inercia, aparentemente inextinguible, permite que el pasado se introduzca en el presente y lo colonice. La secuela es que la invocación divina, aunque gradualmente decreciente, se ha sostenido en el tiempo. Ya no es tan extrema como antaño; decrece, pero no desaparece. El significado del dicho Dios los cría y ellos se juntan aglutina a las personas de ideas y gustos semejantes. Ahora bien, al aplicarse a la idolatría lingüística, el dicho se queda corto. Personas de gustos e ideas diferentes también se juntan en la invocación a Dios.
No es una banalidad preguntarse si será sostenible la idolatría a largo plazo. Al no ser visionario, no responderé a la pregunta. De cualquier forma, la respuesta requeriría, previamente, la formulación de otras cuestiones: ¿en qué consiste el largo plazo?, ¿veinte años, cincuenta, cien, doscientos? ¿De qué forma se lograría?, ¿mediante una educación estrictamente laica?, ¿a base de ir forzando su implantación?; ¿de qué manera?, ¿a qué velocidad?, ¿con normativas que incidan en abolir la enseñanza religiosa?, ¿con ordenanzas que reglamenten ciencia y religión?, etcétera.
Demasiadas preguntas para un plato que, además de mucho arroz, contiene mucha enjundia. Sin embargo, la evidencia es que, si se admite el efecto purificador de la proposición bíblica, la ciencia deja de tener sentido. Cuando lo palpable es que las leyes de la física se encargan de explicar, como señaló Stephen Hawking, la creación del universo. Por consiguiente, la recurrencia a la catarsis purificadora de Dios se hace innecesaria. Del mismo modo que la partícula de Dios, que permite el nacimiento de la materia, se invalida. En el conocido como boson de Higgs, del Nobel de física Peter Higgs, radica la partícula de Dios. Gracias a su formulación, se conoce, entre otras cosas, el arranque evolutivo del universo y la formación de las estrellas. En definitiva, conocemos la concreción de lo material tangible; frente a un supuesto nacimiento universal, resultado de la creencia en un imaginario ser. El humano creó a Dios. El fundador del ateísmo antropológico o humanismo ateo, Feuerbach, lo explicitó al señalar que la inmortalidad no existe. Es una creación humana. Ciencia y religión son incompatibles.
La trascendencia de Dios en las religiones monoteístas difiere de las religiones politeístas. Son teísmos diferentes. Unas y otras operan con diferentes sintonías y ritmos. La singularidad de un solo Dios inmortal de las primeras se opone a la pluralidad y diversidad de dioses de las segundas. El dogmatismo de la idolatría monoteísta es más sublime, centrado y etéreo que el dogmatismo politeísta. El politeísmo idolátrico no es equitativo con el conjunto de las distintas divinidades que lo representan. La adoración difiere en la intensidad de la práctica ejercitada, se acentúa en unas divinidades más que en otras. Tampoco se adora de manera continuada; para adorar se eligen distintos momentos prefijados. Incluso, ocasionalmente, pueden prescindir de la adoración de alguno de los dioses de sus panteones. Finalmente, las religiones monoteístas se consideran existenciales, en tanto que juzgan a las religiones politeístas como mitológicas.
La esencia simbólica y emblemática de las religiones monoteístas y politeístas vienen dadas por iglesias, sinagogas, mezquitas, ermitas, santuarios, el Olimpo luminoso griego, panteones romanos, libros sagrados, peregrinaciones, relatos milagrosos y, por encima de todo, de un Dios único en el monoteísmo y de múltiples dioses en el politeísmo.
Cito algun@s, de una pléyade interminable de dioses de sistemas politeístas. Del Olimpo griego, Zeus, rey de reyes de todos los dioses, y Hera, esposa de Zeus y reina. Entre los romanos, destacaré a su cabeza rectora, Júpiter, y a Minerva, diosa de la sabiduría. Del antiguo Egipto, Amón, dios de la creación, e Isis, la diosa más potente y esposa de Osiris, dios de la muerte. Para los mayas, nombraré a su dios creador, Itzamná, y también a Hunab Ku, que en equivalencia al dios cristiano era omnipresente, creador del universo y del primer hombre y de la primera mujer. En el mundo azteca, destaco a Quetzalcoátl, la serpiente emplumada, y a Coatliclue, la diosa de la tierra. En el hinduismo, Brahma, Vishnu y Shiva, conocidas como las Trimurti hindúes. Para terminar, mencionaré a Amaterasu, la diosa del sol japonés, con el mismo poder que Ra, dios del sol del antiguo Egipto. Dioses y diosasque, para el monoteísmo, son tod@s una monstruosidad mitológica. Como serpentiformes hidras de múltiples cabezas. La exacerbación de la hidra de Lerna amamantada por la diosa Juno. Una manifestación hostil, un ataque a los principios inmutables de las religiones monoteístas.
El monoteísmo goza de referentes inquebrantables. En el islam, tenemos a Alá y su libro sagrado, el Corán. Para la esencia religiosa del judaísmo el único dios verdadero es Yavhé y su sacra referencia escrita es la Torá. Del mismo modo que para el cristianismo el único verdadero dios es Dios, nuestro Dios, y su texto modélico sacrosanto es la Biblia. La Biblia cristiana se compone de una primera parte: su Antiguo Testamento. Y una segunda, su Nuevo Testamento. El Nuevo Testamento relata la vida, crucifixión y resurrección de Jesucristo. Ante las aseveraciones monoteístas, al igual que con las afirmaciones politeístas, la ciencia tiembla.
Los fundamentos de todas las religiones recurren a divulgar la idea esencial de que sus principios divinos son los verdaderos. La divinidad, salvo en el propio, no existe en otro lugar. Reside en exclusiva en la génesis que cada una de ellas, en sí mismas, representan. Todo lo que se sitúa fuera de esa representación no existe, es mera escenificación quimérica o, lo que viene a ser lo mismo, mítica. Falsa. Un montón de basura, puro forraje con tirabuzones. Escribir sobre la mitología de todas las religiones daría para redactar una enciclopedia; lo que sería un trabajo muy arduo. Y eso sin entrar en especulaciones, extravagancias y divagaciones estrambóticas de distintos tipos, como pudieran ser las formas de pactar con el diablo, explicar con detalle la religión de los marcianos o demostrar que las meigas, aunque sean invisibles, existen. El lector no debería sorprenderse, todo es posible en tiempos de troleos. Fijaré la atención solo en nuestro Dios.
La significante creencia incorpora en su definición un símil, el convencimiento. En términos existenciales, conlleva la absoluta certeza de una persona que cree en algo o en alguien. A modo de reafirmación en uno mismo, se da rienda suelta al ensimismamiento. La persona creyente desempeña la certidumbre subjetiva. Un estoy en lo cierto que el sujeto mantiene, sostiene y ejercita mentalmente sin esfuerzo. No hay desánimo en ese proceder, es producto de aplicar el freno al pensamiento. Ahora bien, perseverar en la convicción no significa que aquello en lo que se cree tenga la objetividad del hecho. Se trata de un pensamiento no confirmado por la realidad. Un algo espiritual.
Las creencias habitan el territorio de la fantasía. Las personas que son atraídas por la imaginaria llamada de Dios manejan en su respuesta un mecanismo de inducción. Cuando Dios nos habla y le escuchamos, se crea una representación mental propia de una relación fantasiosa. Una relación que une lo divino con lo humano. La vida celestial y la vida terrenal se juntan. No obstante, no todos los sujetos atienden los monólogos de Dios. La borrachera de las creencias tiene excepciones. A la llamada de Dios algunas personas responden con el mismo criterio que aplican a los pimientos de Padrón: unos pican y otros no.
Precisamente, las religiones, independientemente de su credo, son sistemas de creencias sobrenaturales que transmiten espiritualidad con la finalidad de acercar la providencia divina a los creyentes. Todas las religiones coinciden en pensar que son las verdaderas. En sus creencias reside la verdad objetiva. Las otras practican el paganismo. Recurrentemente, el papanatismo demagógico abandera la voz propia y ataca al adversario para obtener réditos religiosos. Son idólatras, veneran a divinidades falsas o adoran ídolos, imágenes y estatuas que representan terrenalmente a sus dioses y diosas. Sin embargo, para el catolicismo, postrarse de rodillas ante una estatua no es un acto pagano, es un acto de fe. Acto visible en cualquier iglesia. A pesar de que en los inicios del catolicismo la idolatría se opuso a la latría. El culto reverencial de adoración debido se realizaba sin intermediación. La comunicación con Dios era directa.
El acto simbólico de la adoración a Dios con la intercesión de una mediación terrenal, en su fondo y forma, es dar visibilidad a la invisibilidad de un ser imaginario e imaginado. Una espiritualidad transmutada y aposentada en la creencia de su existencia. Cuando la imaginación, en la práctica ritual del catolicismo, se desborda y se reconvierte en inercia, mueve murallas. Aunque diametralmente opuesto al ritual satánico del culto a Satanás, uno y otro culto idolátrico coinciden en dar nombre a lo innombrable. Concluyentemente, apuntalan lo imaginario, la ficción, lo espectral, la irrealidad. De la misma forma que se puede celebrar la oscuridad, una aparición fantasmal o una noche de brujas. Una especie de Halloween permanente.
En su conjunto, este proceder del catolicismo se suele admitir sin comentario alguno. Se acepta en nombre de la libertad de creencias religiosas. Nada más lejos que este escrito se pronuncie en contra de la libertad religiosa. Allá cada cual con sus pensamientos y creencias. Centro, simplemente, la atención en las antípodas que el hábitat posicional de la religión ocupa con relación a la ciencia. Tampoco se pretende aplaudir, ni de lejos, las prácticas satánicas, diabólicas o demoniacas. Los satanes, los diablos y los demonios, del mismo modo que Dios, también constituyen pieza del ilusorio mundo de las creencias. En tanto que de rosa y azucena, la claridad del culto a Dios se acepta y difunde, y la oscuridad de Satanás acopia silencios. Me limito a señalar una contradicción.
Pondré un ejemplo más cercano. Los negacionistas no aceptan la realidad del cambio climático, la misma deriva que tuvieron con la pandemia del covid-19. Los medios de comunicación no afines a la negación repiten, con toda razón, las críticas a ese proceder. La repetición se lleva a cabo a fin de exponer las credenciales de un hecho no asumido por los insumisos negacionistas. La negación no es un relato insustancial. Es un amasijo de mentiras superpuestas; en ocasiones da la impresión de una epidemia vírica que, con sus propuestas, pretende calar en la ciudadanía, incrementar el número de seguidores creando falacias que se hacen pasar como verdades. Mentir y mentir hasta morir. Debido a que la insumisión puede llegar, cuando más, a negar y, cuando menos, a tergiversar acontecimientos de la vida real, como la devastadora dana (acrónimo de depresión aislada en niveles altos), consecuencia del cambio climático que asoló recientemente la comunidad valenciana.
La tendenciosidad del negacionista es clara, además de evidente. Los medios de comunicación no afines con el negacionismo se encargan de divulgarlo. La pregunta del millón es ¿por qué los medios de comunicación no asumen el cometido de criticar el afirmacionismo de la realidad de Dios? La crítica a la afirmación de la realidad de Dios, cuando no está demostrada su existencia, se puede efectuar recurriendo a la información por vía explícita. Con la aportación de datos, explicaciones y nitidez suficiente que atestigüen su inexistencia. La ausencia continuada de información crítica en el afirmacionismo divino, al guardar un silencio atronador, hace pensar que sea un silencio encubridor. En líneas generales, los medios de comunicación padecen afonía, se inclinan por la mudez. Conclusión, los afirmacionistas, como los negacionistas, cometen un error de distinto signo, pero parejo en dimensión. Por consiguiente, se pueden dar dos formas de ser fervorosos devotos de la reverencia, la adoración y la veneración a Dios. Una, la práctica ritual de la oración. Otra, la omertá deliberada.
Una sola palabra, omnipresencia, eje central del artículo, en su afirmación, confina y abarca una totalidad. Un todo, en tiempo y lugar. Ser y estar omnipresente, en todo momento y en todas partes, es un atributo irrenunciable y exclusivo de Dios. Resultado, en el mejor de los casos, de intereses religiosos que atienden y satisfacen un optimismo desbordante, que se nos presenta como verdad imperecedera. En el peor, de un señalamiento virtuoso de manifestaciones hipócritas. De características inherentes a un fariseísmo atento a la obtención de algún tipo de utilidad o de recurso que ocasione beneficio propio. Al tiempo que se permite juzgar como indecoroso todo aquel comportamiento que no se acomode a su doctrina. En definitiva, como un relato que evidentemente puede ser invocado. Y se invoca, pero con la pretensión y el anhelo de refrendar un hecho que resulta ser ficticio, ilusorio. En consecuencia, una presunta verdad reconvertida en hecho irreal, supuesto, ya que el fruto de su radiografía es negativo.
La carga de la prueba, el onus probandi, siempre recae en la persona o grupo que afirma un hecho real, un suceso acaecido. La prueba de la existencia de Dios no debería ser una excepción. Probar su existencia tendría que ser de obligado cumplimiento para los afirmacionistas adeptos al credo religioso monoteísta. Obviamente, su aplicación también correspondería a la doctrina politeísta. Aquellos que afirman que Dios no existe no tienen que probar nada. No les corresponde efectuar la carga de la prueba. ¿Cómo se puede probar la existencia de algo inexistente? Imposible, a no ser que se recurra al espiritismo. A la racionalidad, la lógica y la ciencia no les compete. Tampoco parece que el derecho procesal, siempre dado a la aplicación de la carga de la prueba, se inmiscuya y aplique a la existencia divina.
El agnosticismo defiende un posicionamiento que no contenta a ateos ni a creyentes. Afirman que la demostración de la existencia o inexistencia de Dios no está a su alcance. Ante lo que, de acuerdo con sus planteamientos, les resulta imposible evidenciar, renuncian a la aplicación de la carga de la prueba. Simultáneamente, no se formulan una pregunta crucial. ¿Acaso se puede demostrar lo que no existe? Hasta el presente, los inexistentes palingonios nunca se han demostrado. En resumidas cuentas, para los agnósticos, las afirmaciones de la existencia y la inexistencia de Dios están fuera de lugar, una y otra no se pueden autentificar, son indemostrables. Así, los agnósticos se insertan, sin desplazarse, en un movimiento de vaivén. De la lectura de su interpretación puede deducirse que van del coro al caño y del caño al coro.
En definitiva, la exposición de la omnipresencia de Dios es un relato asentado en sociedad desde el inicio de los tiempos. Una narración que de forma continuada nos acerca y nos hace penetrar en el mundo de lo irreal. Un relato cuya poderosísima y supuesta facultad no está al alcance de la racionalidad de la condición humana. Y cuya aceptación parece paralizar el pensamiento de Homo sapiens.
De forma muy breve traslado la omnipresencia a otras latitudes. Un solo ejemplo: el norteamericano. El hecho de invocar a Dios en países de ferviente puritanismo, como Estados Unidos, es muy frecuente. Allí, la ostentación de la mentalidad puritana está presente en la vida pública. La sobriedad de esa moral quisquillosa, supuestamente huidiza del placer, se despliega por la sociedad. El uso de la locución ¡Oh, my God! (Ay, Dios mío) es continuo. La invocación es utilizada repetidamente por la población. En casos delicados, los presidentes también solicitan la presencia divina. Su uso reiterado da la impresión de ser de obligado cumplimiento.
El presidente Biden, cuando se le exigía la dimisión, exclamó que solo acataría la dimisión si el Almighty (Ser Supremo) le dijera que tenía que dimitir. La exclamación del expresidente Trump y actual presidente, en el primer intento de asesinato que sufrió, también invocó a God, al exclamar: «Dios me ha salvado la vida». Una vez reelegido presidente, en su primer acto público rodeado de familiares y políticos allegados, manifestó abiertamente que Dios le salvó la vida para que él salvara a América. Y añadió su frase favorita: Make America Great Again (MAGA). En otras palabras, gracias a la mediación divina, América sería nuevamente grandiosa.
En España, la invocación a Dios en el lenguaje es habitual. La constancia y la asiduidad tienen en las personas distintos grados de presencia. En unos casos, los asiduos son profundamente creyentes, idolatradores. En otros, solo lo son superficialmente. Son invocadores, pero no adoradores. También hay personas que, sin acatar la doctrina divina, mencionan a Dios en blasfemia. Viven una realidad paradójica y contradictoria. Reivindican en su hacer verbal la blasfemia de un Ser que para ell@s es inexistente. Por último, también hay los que no se acomodan a la comunicación con Dios. No son afirmacionistas de la irrealidad, no ruegan, imploran ni suplican a Dios. No lo evocan en forma alguna. En el artículo se prescinde de ellos, Solo se centra la atención en las personas que apelan a la comunicación en una única dirección: la invocación. Sin retorno.
La pluralidad de invocaciones expresivas indica que el lenguaje, la idolatría lingüística, por fas o por nefas, tiene abundante presencia en el lenguaje castellano. Dios se acerca a la omnipresencia en la polisemia de la invocación oralmente verbalizada o manifestada por escrito.
Las invocaciones que reflejamos más adelante se dividen, básicamente, en dos formas expresivas. Una de ellas expone un asentimiento que consagra a Dios. La otra reniega de su presencia. En su simplificación las denominaré de bendición y de blasfemia. Esta división rudimentaria se enriquece, con más posiciones explicativas, en el palabrero que se adjunta más adelante.
El palabrero lo sintetizo en un listado que recorre el abecedario, de la a a la z. No es exhaustivo, soy consciente de que no cito dichos que podrían incluirse en el palabrero. De unos he prescindido por parecerse a los que incluyo. Incluirlos hubiera significado alargar innecesariamente el palabrero. De otros prescindo por ignorancia. Dado que, a medida que se iba desarrollando el trabajo, descubría nuevos dichos, pienso que circulan más dichos de los que señalo. En todo caso, entiendo que la muestra que se aporta tiene entidad numérica suficiente para avalar la idolatría lingüística. Para terminar, a continuación de la presentación del vocablo significante expuesto, se introduce, entre comillas, el dicho, es decir, la invocación. Se finaliza con una explicación del significado del dicho.
En su conjunto, las invocaciones se han recogido mediante observación auditiva y visual. Esto es, escuchando, poniendo el oído a lo que se dice a mi alrededor y mirando, leyendo y poniendo los ojos para observar cositas y situaciones. De modo que la oralidad y la lectura han sido mis nutrientes.
Las llamadas, tanto orales como escritas, que invocan, apelando e interpelando, a Dios se han captado en Madrid, a lo largo del año 2024; en distintos lugares y a distintas horas. En soledad, la mayor parte de las veces. En la calle, en la radio, en el metro, en la televisión, en el autobús, en muros, en trenes de cercanías, en novelas, en bares, en ensayos, en restaurantes, en periódicos, en cafeterías, en libros, en manifestaciones, en taxis, en sobremesas culinarias con amigos y, ocasionalmente, soñando.
Sin más, doy paso al palabrero.
«Déjalo en manos de Dios». La persona tiene confianza plena en Dios y se entrega a él ilimitadamente. ¡Qué cosas se oyen!
«A quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga». Frente al mandato divino, resignación cristiana. Refrán que denota la aceptación de las cosas, buenas y malas, según vienen. Írsele a uno el santo al cielo.
«Alabado sea Dios». La paz del Señor esté siempre con nosotros. No hay nada como tener padrinos, valedores de nuestra salud, nuestros sueños y nuestras vidas. Aimee Pantaleón tiene una canción con ese título.
1.o «Gracias a Dios». Forma de honrar a Dios, de ensalzarlo y enaltecerlo. Tatuaje en distintas partes del cuerpo, con más frecuencia en brazos.
2.o «Querido Dios, gracias por todo». Agradecimiento infinito. Por un nuevo día, por un día más, por este día, por un día más de vida, por tus bendiciones, etc. Sin faltar lo más mínimo. De bóbilis, bóbilis.
«Con muchísimo respeto, os he de ahorcar, juro a Dios». Pedro Calderón de la Barca, El alcalde de Zalamea. La soberbia y la vanidad lo primero.
«Viva Dios, en las alturas». Y en la tierra paz a los hombres con buena voluntad. San Lucas se olvidó incluir a las mujeres. Melodía cantada por el Dueto los Conejos.
Lo dijo Blas, punto redondo.
«Dios mío, ¿te amo?». William Goldman dixit: «Dios mío, si tu amor fuera un granito de arena, el mío sería un universo de playas». A diestro y siniestro.
«Que Dios te ampare». Cuando la limosna que se nos pide se encomienda a Dios. Ante el amparo, el desamparo. Canción de Raúl Marrero.
1.o «Dios aprieta, pero no ahoga». Se nos quiere decir que, cuando se tiene plena confianza en nuestro Señor, se tolera el apretón. La perseverancia se impone.
2.o «Dios aprieta, pero no ahoga; pero cuando aprieta bien, ahoga bien». Aquí se establecen dos posibles consideraciones. La primera, si tu confianza con el Señor es infinita, se acata el ahogamiento. La segunda, en caso de no aceptar ni el apretón ni el ahogo, por considerarlos monsergas celestiales, se rechaza el beneplácito por juzgarlo como tortura divina.
«Dios de la pata arrastrada». Maldición que obliga a desplazarse arrastrando el vientre. De cajón. En la mitología griega, Hermes, el mensajero de los dioses tenía los pies alados.
«En nombre de Dios, me arrepiento». Él perdona a los arrepentidos setenta veces siete. Ponerle el cascabel al gato.
«Me cago en Dios, aunque sea ateo». Escuchado en el metro, línea 6 (17-9-2024). Cuando la boca de un ateo se inunda de materia fecal se incurre en contradicción, se da vida a lo inexistente
«Válgame Dios». Literalmente: que Dios me ayude. A macha martillo. Telenovela venezolana y Canción de Niña Pastori y Antonio Orozco.
1.o «Dios me los bendiga a todos». Frase escuchada frecuentemente a latinos que venden chuches en el metro. También venden chupachups, tres por un euro.
Biden, lo primero que hizo al pedirle la dimisión, a la que se resistía, fue recurrir al todopoderoso. Sus palabras fueron: «Solo dimitiré si el Ser Supremo baja y me dice que tengo que dimitir». Meterse en camisa de once varas.
«Te ha venido Dios a ver». Bienvenida la visita para solventar un problema. Con Dios me acuesto, con Dios me levanto…
«Me caso con Dios». No se trata propiamente de un casamiento, a no ser que se considerara una boda escatológica. Es una expresión de los vaqueiros de alzada, facilitada por la investigadora de los vaqueiros, María Cátedra (gracias). Los vaqueiros, para evitar la blasfemia y sus consecuencias sustituían la palabra cago por el término caso.
«El hombre propone, pero Dios dispone». Los caprichos del destino se imponen al esfuerzo personal para conseguir que las cosas salgan bien. Echar sapos y culebras.
«Dios ciega a quien quiere perder. Según el profeta Ezequiel, Dios ciega a los pecadores, a los que deja de socorrer y los abandona. Tocarle a uno la china.
«Van der Peel, Dios de la belleza y del ciclocrós». En un artículo firmado por Carlos Arriba, en el diario El País (21-1-2024).
«Perdóname, Dios». Una vez perdonado, el consuelo, la alegría, la satisfacción y la felicidad has logrado. ¡Adelante con los faroles! Entre otros autores, canción de Jamby el Favo,
«Me pongo en manos de Dios». Yo no sé lo que me espera este día, pero con fe y confianza lo pongo todo en tus manos. Predisposición y perseverancia.
«Ojalá Dios me corrija». Palabras de Santiago Cañizares, antiguo portero de futbol del Valencia, con motivo de los tremendos daños causados por la dana de Valencia. Escuchado de prisa, pero sin correr, en una emisora de radio.
«Picha dura no cree en Dios». ¿Y picha blanda?
«Dios los cría y ellos se juntan». Las personas coincidentes en ideas, prácticas, quehaceres y gustos tienen la tendencia a juntarse. En cuestión de idolatría, las personas que no coinciden en ideas y demás, aunque no se junten, participan en el acto de invocar a Dios.
«Me cago en Dios». Voz de fondo que se coló de rondón en una cadena de televisión (27-3-2024). Mis excusas por no citar el nombre de la cadena. Tengo dudas para situar el origen. Frase también escuchada en un tren de cercanías a una persona al contemplar cómo un montón de papeles que mantenía en sus manos se desparramó por el suelo (4-6-2024). En la serie estrenada el 8 de noviembre de 2024, Asalto al Banco Central, también se puede escuchar.
«Vaya con Dios». Desear toda la suerte del mundo a una persona. Dimes y diretes.
1.o «Designio de Dios». Especie de mapa espiritual que la voluntad divina nos concede para que no nos perdamos por los derroteros de la vida.
2.o «Que sea lo que Dios quiera». Los caminos al infierno están plagados de buenas intenciones. «Lo que es pa uno, es pa uno (uno). Lo que es pa mí, ni se espera (espera). Pero que sea lo que Dios quiera (ajá, yeah)». Canción de J. Balvin.
«Sindiós». Con el significado de vivir una experiencia de caos extremo. Se organizó lo que no está escrito. Sin Dios ni amo es el título de una canción de Extremoduro.
«Hasta mañana, si Dios quiere». Despedida informal, amistosa o familiar. Canción de Gilipojazz.
1.o «Por el amor de Dios». Dadivosidad espiritual. También significa sorpresa.
2.o «Por el amor de Dios, 65». Dadivosidad espiritual concedida a un señor al cumplir 65 años. Nunca es tarde cuando la dicha es buena. Leído en las noticias no buscadas que, al abrirlo, ofrece mi móvil.
«Dios proporciona dicha». Dicho sea de paso. Digo yo y no digo misa.
«Dios nos libre del dinero». Pedir gollerías.
Canción de Rosalía.
«Que Dios te la depare buena». Depositar la confianza en Dios ante la duda que pueda surgir al emprender cualquier tipo de acción. Coger al vuelo lo que toque.
«De menos nos hizo Dios». Propósito y esperanza de alcanzar lo que se intenta. Más o menos.
«¡Oh! My God» Ante un acontecimiento inesperado se incorpora al idioma castellano, a manera de colonialismo lingüístico, la denominación inglesa de Dios
«Dios proveerá». El pan nunca escaseará. La generosidad infinita de Dios satisfará todas las necesidades. ¿Todas? ¿Cuándo?
«Armar la de Dios es Cristo». Cuando se produce tal alboroto que deja todo patas arriba. Parece que la frase viene de lejos. Se encarna como consecuencia de la violencia desatada en el concilio ecuménico de Nicea, en el año 325.
«Que Dios lo tenga en su gloria». Fernando Savater, en el diario El Mundo (22-1-2024). Dirigido a Miguel Barroso, del grupo Prisa. Escrito al ser expulsado del diario El País.
«Grande es Dios en el cielo». Los cielos no son suficientemente grandes para acoger a Dios. Dios es omnipresente. Pequeños somos en la tierra.
«Dios de la guerra y de la paz». Solo queda espacio para un dios en esa tierra santa, el de la guerra o el de la paz. Lluís Bassets, en el diario El País (21-1-2024).
«Dios da hijos a quien no los necesita y a otros se los niega». Acompañada de su equivalente, «A quien Dios no le da hijos, el diablo le da sobrinos».
«Perdóname, Dios». A excepción de la blasfemia, que es imperdonable, la persona que ha pecado confía en la bondad divina para ser redimido. Suplica que algo queda.
«Si Dios no existiera, sería necesario inventarlo». Frase de François Marie Arouet, conocido como Voltaire.
«Dios creó el judo». El artífice de esta frase es Luis Díaz. Sigue su explicación: «Lo hizo para derribar con llaves a aquellos agresivos portadores de llaves. Hay que judarse». Te agradezco la información, siempre pensé que el judo lo inventaron los japoneses. Pardillo que es uno. De todas formas, una pregunta: ¿hay que judarse o hay que mudarse?
«No jures, que Dios te oye». Si no obedeces sus designios, Dios no te escuchará, te rechazará. Dios es dueño de toda palabra. No me digas que me quieres, porque es mentira.
«Yo a lo mío, tú a lo tuyo y Dios a lo de todos». Dios es justo contigo, conmigo y con todos. Está escrito, pero soy analfabeto.
«Vaya por Dios». Respuesta a una situación preocupante. Decepción y desagrado. Canción de Betty Missiego.
«Dios te ilumine». Que te proporcione claridad y entendimiento para resolver los problemas de la vida. De hito en hito.
«Llevo a Dios sobre la espalda». Teofanía indicativa de que Dios siempre procura por nosotros y que nosotros siempre le llevamos en el pensamiento. De buten.
«Dios nos libre del mal». «A quien actúa con maldad hay que desearle muchas bendiciones. Tarde o temprano las necesitará». Esto matará a aquello.
«La mano de Dios», Maradona. Cuando en el partido de futbol entre Argentina e Inglaterra, Maradona, después de marcar un gol dijo: «Fue con la cabeza y un poco con la mano de Dios». Canción de Rodrigo. Serie de televisión.
«Santa María, madre de Dios…». Para la Iglesia católica, la Virgen María, al ser la madre de Jesús, que es Dios, es la madre de Dios. Mejor es no meneallo.
«Mentiras, mentiras tremendas y la presencia de Dios». La vida misma.
«Dios de los milagros concédeme uno». Me arrepiento, ahora y siempre, de mis pecados. Perdóname. Ya no creo ni en la paz de los sepulcros.
«Mira que te mira Dios. Mira que te está mirando. Mira que te has de morir. Mira que no sabes cuándo». El destino está escrito en el cuadro del pintor Ignacio de Ries, Alegoría del árbol de la vida.
«Dios ha muerto». Nietzsche, en Así habla Zaratrusta y en La Gaya ciencia.
«Deus ex machina». Por obra de Dios. Capacidad divina para resolver todo tipo de situaciones embarazosas, extremas e inverosímiles. Fetén.
«Se organizó la de Dios». Me remito a lo dicho en el entrante FOLLÓN.
1.o «Dios, dame paciencia», porque, si me das fuerza, necesitaré también dinero para la fianza. Segunda variante: porque, si me das fuerza, mato a alguien. ¿La letra con sangre entra?
2.o «Dios, dame paciencia, pero ya». Expresión de un prisas.
«Soy ateo, gracias a Dios». Frase de Luis Buñuel. ¿Paradoja o parajoda?
«Dios no lo quiera». Película dirigida por Tulio Demicheli.
«Como Dios manda». Película dirigida por Paz Jiménez.
«La ira de Dios». Película dirigida por Sebastián Schindel.
«La espina de Dios». Película dirigida por Oscar Parra de Carrizosa.
«Dios no está muerto, en Dios confiamos». Película dirigida por Vance Null.
«Ruega a Dios por tus pecados». Oración para pedir perdón a Dios. Todos somos pecadores, pero Dios es misericordioso. En martes, ni te cases ni te embarques.
«Dios es peronista». Lleva la firma de Milei.
1.o «Querido Dios, tengo 14 años». Una niña de 14 años le pide a Dios que le mande una señal. Al no recibirla, empieza a llorar.
2.o «Querido Dios, sé que he sido una perra casi toda mi vida y fui cruel con ¿lexi? y mi familia y en verdad lo siento mucho. Pero, por favor, no me dejes morir esta noche». Video en Tik Tok. ¡Vaya, vaya! Se acuerda de Santa Bárbara cuando truena.
3.o «Ruego a Dios que me toque la lotería». Hay que rezar con humildad al Ser Supremo una oración pidiendo prosperidad y abundancia. El que la sigue la consigue.
4.o «Que Dios me lo tenga en cuenta». ¿Quién eres tú para pedirle cuentas a Dios?
«Dios siempre está abierto a tus plegarias». Un servicio divino ininterrumpido y gratuito. A diferencia de un veinticuatro horas, que está abierto permanentemente, pero si pides algo tienes que cotizar.
«Dios y el cucho pueden mucho…, pero más el cucho». Expresión facilitada por María Cátedra, que como se anticipó en el entrante BODA es investigadora de los vaqueiros de alzada. Los vaqueiros llaman cucho a la mierda de vaca.
1.o «Dios te lo pagará». El benefactor premia siempre las buenas acciones. Menos lobos, caperucita.
2.o «Al que madruga Dios le ayuda». Se concede a las personas que trabajan sin descanso. Y a las que curran por la noche ¿Dios no se acuerda de ellas?
1.o «Dios propone y el hombre dispone». La propuesta indica lo opuesto a que los designios de Dios se cumplan.
2.o «El hombre propone y Dios dispone». En esta propuesta, cuando nuestras expectativas se van a paseo, los designios de Dios sí tienen cabida.
En los dos supuestos, las mujeres están fuera de juego.
1.o «Dios te protegerá». Serás protegido en todo momento de todo mal. Quien mucho abarca, poco aprieta.
2.o «Que Dios te tenga en sus brazos». Para proteger nuestros temores. Adelgaza, por si acaso.
«Dios lo quiere». Frase que según la leyenda dio origen a la primera cruzada. Según el papa Urbano II, en determinadas circunstancias, la guerra en nombre de Dios es conveniente.
«Con Dios me acuesto, con Dios me levanto, con la Gracia de Dios y el Espíritu Santo». Reconoce que Dios nos guía y nos protege a lo largo de toda la vida. No se incluye a los que tienen más hambre que un maestro escuela.
«Dios me libre de decir que soy reportera». Frase de una reportera en un artículo anónimo, referida a Nicaragua. En el diario El País (21-1-2024).
«Cuba se entrega al rezo, clamando a un "poder superior" para que se haga la luz». Leonardo Padura, El País (27-10-2024).
1.o «Ruego a Dios que no pase nada». Así se pronunció un abogado que fue engañado por su mutualidad. Calma, calma, por favor.
2.o «A Dios rogando y con el mazo dando».
Encomendarse a Dios, haciendo de su capa un sayo.
«Con Dios». Saludo de dos personas que se cruzan en el camino. Parecido al saludo «A la paz de Dios». Más vale saludar que pasar de largo sin decir hola. Peor todavía es cuando se saluda y el saludado no responde. Se pira a la chita callando.
«Por obra de Dios». Todos se salvarán, los que siguen la palabra de Dios y los que prescinden del evangelio. Menos el que escribió en su epitafio «Dios no se acordó de mí y de cuerpo presente me tenéis».
«No me dejes solo, Dios mío». No temas porque yo estoy contigo.
«Dios aprieta, pero no ahoga». Una más de lo mismo, anteriormente expuesto. Resolutoria providencial. Variante de «Dios castiga, pero no a palos».
«Dios te libre de hacer lo que piensas». Pon en manos del Señor todas tus obras y tus proyectos se cumplirán. Sí, pero ¿cuándo?
«Los Dioses y Dios», Rafael Alvárez, «El Brujo», presenta un recorrido crítico a las mitologías que nos envuelven.
«A Dios pongo por testigo». La voluntad divina nunca puede contrariarse. Su mención es garantía de eficacia. La purga de Benito.
«Con Dios hemos topado». Proyección extensiva de la locución «con la Iglesia hemos topado». Alerta para no proceder con conductas precipitadas. Vísteme despacio que llevo prisa.
«Dios es TODO». Sublime omnipotencia. Si todo es todo, es señal de precipitaciones incontroladas a niveles altos. Una dana divina.
1.o «En Dios confiamos». Frase de Trump, muy de las suyas.
2.o «Dios me salvó la vida... para que yo salvara a América». Locución de Trump en el discurso pronunciado horas después de ser elegido presidente. ¿Magia? No. Es MAGA, siglas de Make America Great Again.
«Dios dirá». La última palabra está en manos de Dios. En época del dictador Juan María Bordaberry, cabeza visible de la dictadura cívico-militar uruguaya, entre 1973 y 1976, a las personas que abandonaban el país se escuchaba decir: «El último que salga que apague la luz».
«Dios los cría y ellos se juntan». Con lectura diferente a la previamente explicitada. Refrán indicativo de que las personas de ideas y gustos parecidos tienden a asociarse. Atención, el poder enfrenta a hermanos. Recuérdese: «Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor».
«¡Ay, por Dios!». Exclamación aplicada en múltiples ocasiones. Tres ejemplos: 1) Parecéis cerdos. ¡Limpien su cuarto ya! 2) ¿Sigues ahí? 3) Lo que faltaba. También es una canción de Juan Peña «El Lebrijano».
«Soy víctima de un Dios frágil». Y temperamental que en lugar de rezar por mí se fue a bailar. Canción de Dani Martín. Líder del Canto del Loco.
«Te vino Dios a ver». Ante un golpe de suerte, una persona exclama a otra que Dios le ha hecho un acto de presencia. En el Don Juan Tenorio se lee: «Un punto de contrición, da a un alma la salvación».
«Dios lo quiera». Expresión de Hermann Tertsch en Twitter (24-1-2024). Con el añadido, referido a Bolaños, de que no le vuelen la cabeza como hicieron con Vidal Cuadras.
«Vóteme, Dios está de mi parte». Frase recurrente utilizada en mítines por algunos políticos en Estados Unidos durante el periodo electoral. Recurrencia divina para sacar tajá política. J’adore.
Su nombre es Javier. Gusta que le llamen Xavier. Xavier tiene la costumbre de cambiar la letra J y la letra S por la letra X. A su vez, cambia la letra X por la letra S. Se le llena la boca cuando, a manera de puñalada de pícaro, dice: «No xuro ni pienxo en Diox, porque Diox no esiste». Xoder, Xavier, recuerda el aforixmo: quien xiembra vientox recoge tempextadex. Meterxe de hoz y coz con lo inesistente no está esento de burricie.
«Dios te libre de quids pro quods de boticarios y de notarios». Equivocarse confundiendo una cosa con otra, poner un qui en lugar de un quo puede llegar a ser mortal. El yerro de un médico al extender una receta y más tarde de un boticario al expedirla, según la tradición, produjo el envenenamiento de una persona. Fallo mortal que dio origen al dicho. Mucho más peligroso que confundir el pompis con una plaza de toros, que es grave, pero no es mortal.
Como quiero terminar el palabrero con la letra Z recurro al libro de Ángel Palomino, Zamora y Gomorra. Lástima que no escribiera otro con el título Sodoma y Zaragoza. Sirva lo dicho, como póstumo homenaje al autor aludido.
He reconsiderado lo dicho en Zamora. No en su significación, sino en lo que refiere al ser el último vocablo del palabrero. Olvidaba pedir perdón por la zurra divina que os he dado.