RENATA DE SOUZA MURARI
Doctoranda en Antropología y Comunicación Universitat Rovira i Virgili
renata.desouza@urv.cat · https://orcid.org/0009-0008-7721-525X
RESUMEN: Afganistán ha sido un escenario de soberanías en disputa a lo largo de su historia. Desde la influencia imperial británica y los conflictos de la Guerra Fría hasta las dos décadas de ocupación estadounidense tras el 11 de septiembre, los afganos han experimentado estados críticos casi ininterrumpidos, lo que ha resultado en una de las mayores diásporas contemporáneas. Con el retorno del talibán al poder en 2021, el desplazamiento afgano adquirió nuevas dimensiones, incluyendo el ingreso de Brasil en la lista de países de acogida, y también de tránsito, gracias a un visado humanitario considerado el más amplio del mundo en su momento. Este artículo es un breve resumen de las reflexiones presentes en el trabajo de fin de máster, en el que se exploran las narrativas de migrantes afganos en Brasil entre 2023 y 2024, centrándose en su agencia migratoria, las estrategias de integración, las memorias y los futuros imaginados, a partir de marcos interpretativos de la transnacionalidad y la interculturalidad, entre otros. También se abordan los recientes cambios en la política migratoria brasileña y su impacto en la acogida de estos migrantes, destacando la necesidad de una perspectiva histórica que contemple las continuidades y rupturas entre el colonialismo pasado y presente.
PALABRAS CLAVE: Brasil; diáspora afgana; memoria; identidad transnacional; políticas migratorias; integración.
NARRATIVES OF THE AFGHAN DIASPORA IN BRAZIL: MEMORIES, CHALLENGES, AND IMAGINED FUTURES
ABSTRACT: Historically, Afghanistan has always been a site of contested sovereignties. From British imperial influence and Cold War conflicts to two decades of post-9/11 US occupation, Afghans have endured almost uninterrupted crises, resulting in one of the largest contemporary diasporas. With the Taliban’s return to power in 2021, Afghan displacement has assumed new dimensions, including Brazil’s emergence as both a host and transit country, thanks to a humanitarian visa once considered the world’s most inclusive. This article provides a brief summary of insights from a Master’s degree thesis that explored the narratives of Afghan migrants in Brazil between 2023 and 2024. It focuses on their migratory agency, integration strategies, memories and imagined futures, framed by interpretive approaches from transnationalism and interculturality, among others. The article also examines recent changes in Brazilian migration policies and their impact on the reception of these migrants, highlighting the need for a historical perspective that considers the continuities and ruptures between past and present colonialism.
KEYWORDS: Brazil; Afghan diaspora; memory; transnational identity; migration policies; integration.
Recibido el 02/02/2025
Aceptado el 10/05/2025
Las personas nacidas hasta la década de 1990 suelen tener algún relato que contar sobre dónde estaban y qué hacían cuando vieron por primera vez las imágenes de las Torres Gemelas colapsando en Nueva York tras el atentado terrorista del 11 de septiembre de 2001. La declaración de la guerra contra el terror posterior a los eventos «marcó un punto de inflexión en la reconfiguración del paisaje geopolítico mundial de la posguerra fría» (De Génova et al., 2018: 239). Con ello, Afganistán entra definitivamente en los titulares internacionales, debido a la represalia de los Estados Unidos a la alianza entre los talibanes y Osama Bin Laden, líder del grupo Al Qaeda, responsable de los ataques al World Trade Center y al Pentágono.
Para quienes no oían hablar de Afganistán desde la ocupación soviética entre 1979 y 1989, durante la Guerra Fría, las dos décadas de intervención militar de los Estados Unidos y sus aliados abrieron una ventana para que el mundo conociera más aspectos culturales y sociales del país, además de la situación en la que se encontraba la población bajo el yugo de los talibanes. Lamentablemente, la mayor parte de la historia difundida a nivel mundial solo sirvió para reforzar los estereotipos despectivos sobre Afganistán y disfrazar la guerra como un modelo de cooperación internacional y ayuda humanitaria desde un enfoque salvacionista (Barbosa et al., 2022).
Entre las múltiples consecuencias de la guerra, una de las más relevantes fue el nuevo desplazamiento masivo de afganos, tanto para huir de los conflictos como para regresar a su país tras la caída del régimen talibán. Esto marcó un nuevo capítulo en la diáspora afgana, cuyo auge inicial ocurrió durante el enfrentamiento contra los soviéticos en la década de 1980, cuando, debido a su proximidad geográfica, Irán y Pakistán se convirtieron en los principales receptores de migrantes y refugiados afganos. En el siglo XXI, otros países se sumaron al panorama migratorio de Afganistán, como los Estados Unidos, Canadá, Australia, Alemania, los Emiratos Árabes Unidos y, más recientemente, Brasil.
En agosto de 2021, vimos las imágenes del caos en el aeropuerto de Kabul, confirmando las consecuencias esperadas tras el acuerdo de Doha1, firmado en 2020 entre los Estados Unidos y los talibanes para la retirada de las tropas estadounidenses y la declaración de una supuesta paz y un nuevo emirato islámico (Bernabé, 2023; Priego, 2021). La retoma del poder por parte de los talibanes significó un retroceso en los avances sociales y colapsó la economía nacional, recreando en el «presente inquietante» (Bryant y Knight, 2019) un pasado de opresión y un futuro completamente incierto. Así lo relatan los informantes que participaron en el trabajo de fin de máster2 del cual deriva este artículo.
Quienes no pudieron salir en avión en un primer momento tuvieron que replantearse su futuro ante una nueva calamidad en un país que aún intentaba reconstruirse. Con el ingreso al Norte global prácticamente cerrado por la pandemia de COVID-19, a pesar de que los desplazamientos no cesaron, miles de afganos tuvieron que cruzar las fronteras hacia los países vecinos. Fue en este contexto que Brasil implementó un visado humanitario especial para los afganos, considerado en su momento el más amplio del mundo. Este dispositivo legal permitía la llegada documentada y legalizada a través de los servicios consulares brasileños en ciudades como Teherán, Islamabad, Ankara y Abu Dabi (Dieguez, 2023).
El visado fue creado durante el gobierno de Jair Bolsonaro, un político que coincide con el discurso ultraderechista global de rechazo a la migración. Esto nos impone múltiples interrogantes y abre un espacio para aportar un análisis sobre un fenómeno de movilidad que, a la vez, es relativamente reciente y poco frecuente en comparación con otros movimientos migratorios en Brasil.
Con el regreso de Lula da Silva a la presidencia de Brasil en 2023, la medida fue modificada debido a la dificultad de acoger a los afganos, además de ser influenciada por el discurso de que ellos no querían quedarse en el país y, por lo tanto, no se debería invertir en su asentamiento. Se argumenta que el dispositivo legal cubría los aspectos formales para recibir a los migrantes, pero no garantizaba las necesidades primarias de la acogida.
El cambio en la ley incluyó la restricción de las embajadas autorizadas a emitir el visado, vinculando el permiso a un patrocinio a través de organizaciones de la sociedad civil con las que el gobierno brasileño hubiera firmado un acuerdo de cooperación para ofrecer una acogida digna (Portaria Interministerial MJSP/MRE n.º 42, de 22 de septiembre de 2023 [Concesión de Visado y Residencia Temporal a Afganos]). Esta transferencia de responsabilidad del poder público dificultó la entrada de miles de ciudadanos afganos, lo que generó críticas por parte de organizaciones y activistas, y también arrebató la esperanza a muchas personas en situación de alta vulnerabilidad.
La investigación se ha centrado en analizar el reciente fenómeno de la migración afgana en Brasil desde la perspectiva de los estudios de la transnacionalidad, la antropología del futuro y la experiencia social en contextos de crisis. De la estructura a la agencia, nuestro interés ha sido rescatar y analizar la construcción de la memoria, las narrativas y las formas de manifestar expectativas hacia un futuro incierto, pero también transitorio, por parte de las personas que han elegido migrar a Brasil.
Para analizar la trayectoria de movilidad de los afganos hasta su asentamiento en Brasil, ya sea temporal o permanente, hemos apoyado este estudio en autores que discuten cómo se establece el vínculo entre el nuevo país y los demás territorios conectados a través de sus redes (Faist, 2005; Levitt y Glick-Schiller, 2004). También se han considerado las estrategias individuales o colectivas empleadas en los múltiples desplazamientos (Khosravi, 2021; Sayad, 2010), así como sus respuestas a situaciones de crisis (Visacovsky 2011, 2016), anticipando, de alguna manera, su futuro (Bryant y Knight, 2019). Además, destacamos la importancia de los procesos de subjetivación durante la agencia migratoria para enfatizar las estrategias de aculturación en las dinámicas interculturales (Alfonso y Martínez, 2011; Berry, 1997), y la capacidad del migrante afgano para ser protagonista de su propia realidad (De Genova et al., 2018; Monsutti, 2021) sin romantizarla.
Entendemos, también, que la perspectiva transnacional de los estudios migratorios es esencial para desbordar el análisis del concepto del Estado-nación como contenedor único de las prácticas sociales y culturales. Además, se posibilita considerar simultáneamente los procesos económicos, políticos, demográficos y culturales tanto a escala global como local (Appadurai, 1999; Levitt y Glick-Schiller, 2004) en el análisis.
Abordar la dinámica involucrada en la constitución de identidades de grupos culturales no dominantes frente a espacios de dominancia, como define Berry (1997), requiere una mirada sobre la interculturalidad y los procesos de aculturación. A pesar de la erosión del concepto, que lo ha convertido en sinónimo de asimilación, el autor sostiene que tanto la aculturación como la llamada interculturación tratan de entender «qué les sucede a las personas que se han desarrollado en un contexto cultural cuando intentan vivir en un nuevo contexto» (Berry, 1997: 6) y cómo se desarrollan nuevas competencias ante este escenario.
Las diferencias en la forma en que cada persona que optó por la migración como respuesta a la nueva crisis en Afganistán residen, en efecto, en el conjunto de factores que han permitido que algunos migrasen de manera segura, mientras que la mayoría se ha visto relegada a cruzar las fronteras de forma precaria, enfrentándose a todo tipo de violaciones de derechos.
Según Monsutti (2021: 107), «la movilidad siempre ha sido parte del paisaje social y cultural afgano». Históricamente, los primeros desplazamientos de población afgana se remontan al siglo XIX, durante las disputas con el Imperio Británico. En aquel entonces, se registraron movimientos migratorios de las etnias hazara y pastún hacia Irán, la India Británica y el territorio actual de Baluchistán, una provincia pakistaní, en un momento en el que las fronteras físicas todavía no desempeñaban un papel limitante.
El primer gran hito de la diáspora afgana contemporánea se da durante la ocupación militar soviética en los años 1980, provocando uno de los desplazamientos forzados más significativos del mundo desde la Segunda Guerra Mundial (Abbasi y Monsutti, 2023). Esto contribuyó a que hoy haya más de seis millones de afganos desplazados en el mundo, según ACNUR (2024).
Un hecho relevante de los conflictos durante la Guerra Fría que conectan intrínsecamente el pasado, el presente y el futuro de Afganistán fue el apoyo financiero y militar extranjero a milicias religiosas para combatir el ejército de la Unión Soviética, el cual culminó en una guerra civil y en la disputa por el poder entre los propios muyahidines3 después de la retirada de los rusos del territorio. Bernabé (2023) explica que las atrocidades de las facciones que se convirtieron en rivales fueron tantas, que un grupo de estudiantes del islam se unió con una parte de los muyahidines para hacer frente a otros combatientes, en el intento de restablecer cierto orden en Afganistán. Así nació el talibán, que pasó a controlar el país de manera gradual a partir de los años 1990, gobernándolo bajo una interpretación radicalizada y deformada de la sharía, código de valores éticos y religiosos basados en el Corán, y del pastunwali, código de conducta moral de los pastunes, que representan la mayoría étnica de los afganos y también de los talibanes (López-Lago, 2021). Como es ampliamente conocido, se prohibió a las mujeres trabajar y asistir a la universidad; las personas cuyos comportamientos eran considerados delitos fueron condenadas a la pena capital, y la persecución de minorías étnicas ha intensificado aún más la violencia en el territorio.
Si la década de 1980 ha definido los patrones de desplazamiento forzado de los afganos, los veinte años de ocupación militar en el siglo XXI dieron un nuevo aspecto a esa movilidad. El periodo se caracteriza, al mismo tiempo, por la inmigración a otros países además de Irán y Pakistán, por el gran desplazamiento interno4 y, por primera vez, por el retorno masivo de personas para apoyar la reconstrucción del país.
La narrativa despectiva que asociaba a los afganos con el terrorismo transnacional reforzó la criminalización de la migración afgana después del 11 de septiembre. Además de la política de repatriación por parte de Irán y Pakistán, la persecución, el racismo y la privación de derechos a afganos o descendientes nacidos en la diáspora han hecho que esas personas, en muchos casos, entiendan su identidad más vinculada a un país, a otro, a ambos, a varios o a ninguno. Tanto las experiencias marginadas como las distintas pertenencias son temas recurrentes entre nuestros informantes.
Los movimientos migratorios en Brasil se han diversificado a lo largo de su historia. Los principales flujos derivan de la llegada de los portugueses en el marco de la colonización en el siglo XVI, seguida de los efectos de una política ideológica de blanqueamiento de la población5 entre 1820 y 1930. Más recientemente, Brasil ha acogido a un gran número de migrantes provenientes de Venezuela, Haití, Siria y de diversas regiones del continente africano.
En 1980, cuando el país aún estaba bajo la dictadura militar, se promulgó el Estatuto del Extranjero, el cual clasificaba a los inmigrantes como una amenaza para la seguridad nacional. A finales de los años 2009-2010, se inauguró un periodo de transición con respecto a los flujos y a las tipologías, confirmando Brasil no solo como uno de los principales receptores de la migración sur-sur, sino también como una vía de entrada al corredor migratorio que se extiende desde la selva de Darién, entre Colombia y Panamá, hasta la frontera entre los Estados Unidos y México.
Entre los avances en materia legal, podemos destacar el Acuerdo sobre Residencia para Nacionales de los Estados del Mercosur, Bolivia y Chile, en 2009, que facilitó la obtención de residencia temporal en Brasil (Oliveira, 2020), la normativa de la acogida humanitaria a los haitianos a partir de 2010 y la regularización de los más de 600 mil venezolanos que cruzaron la frontera norte del país entre 2015 y 2017 (R4V, 2024).
Con el nuevo marco legal migratorio aprobado en 2017, el Estado finalmente establece principios de acogida humanitaria, no criminalización de la migración, rechazo al racismo, xenofobia y cualquier tipo de discriminación, igualdad de trato y oportunidades de inclusión social y laboral, acceso a los servicios públicos, promoción del reconocimiento académico, entre otros (Ley nº 13.445, de 20 de mayo de 2017 [Ley de Migración]). Es importante poner de manifiesto que la evolución de la política migratoria también acompaña a retos y a problemas de ejecución.
Por lo que respecta a la acogida humanitaria, la ley determina que su otorgamiento se basará en el análisis individual del Ministerio de la Justicia, lo que puede burocratizar el proceso. Sin embargo, fue este el dispositivo que permitió la concesión del visado humanitario a «nacionales afganos, apátridas y personas afectadas por la situación de grave o inminente inestabilidad institucional, grave violación de los derechos humanos o del derecho internacional humanitario en Afganistán» (Portaria Interministerial n.º 24, de 3 de septiembre de 2021 [Concesión de Visado y Residencia a Afganos]).
Squeff y Silva (2022) consideran que este instrumento legal es más una creación única del Sur Global que una continuación de los intereses hegemónicos del Norte Global al rechazar lo que etiquetan como «migrantes forzados». Con todo, no está claro por qué solo un gobierno en todo el mundo, siendo de ultraderecha y habiendo retirado a Brasil del Pacto de la ONU para las Migraciones, otorgó los visados humanitarios. Una de las hipótesis se refiere a la influencia de los funcionarios de carrera que manejan temas de relaciones internacionales e inmigración dentro de las instituciones públicas. Asimismo, hay una cierta ambigüedad en cómo las diferentes esferas gubernamentales han puesto en práctica su interpretación de la ley, ya que el gobierno Bolsonaro (2019-2022) ha roto con la tradicional equidad en la política migratoria y diplomática brasileña (Cavalcanti et al., 2020).
Se estima que Brasil ha concedido más de 13 mil visados humanitarios a afganos entre 2021 y 2023, de los cuales más de diez mil ingresaron en el país, como podemos ver en la Tabla 1. Sin embargo, solo alrededor de cinco mil han solicitado la residencia ante la Policía Federal. El resto podría estar viviendo en Brasil solo con el visado o formar parte de los casi tres mil afganos que han salido del país a través de los puestos de frontera. Aquellos que salen, ya sea con o sin registro, tienen como destino principal los Estados Unidos, utilizando vías aéreas o la carretera que atraviesa Colombia hasta llegar a la selva de Darién, en Panamá, una de las rutas migratorias más peligrosas del mundo, desde donde continúan su travesía hacia otras fronteras.
Tabla 1. Comparación entre los registros de entradas y salidas de afganos en territorio brasileño, y el registro de migrantes para la solicitud de residencia temporal
Registros en los puestos fronterizos |
Registro Nacional Migratorio |
|||||
Año |
Entradas |
Salidas |
Año |
Mujeres |
Hombres |
|
2021 |
260 |
53 |
2021 |
52 |
71 |
|
2022 |
4.420 |
344 |
2022 |
938 |
1.352 |
|
2023 |
5.888 |
2.574 |
2023 |
1.021 |
1.514 |
|
Total |
10.568 |
2.971 |
Total |
2.011 |
2.937 |
|
Saldo |
7.597 |
Total residentes afganos: |
4.948 |
|||
Fuente: Elaboración propia a partir de datos del sistema DataMigra, que reúne informaciones del Sistema de Tráfico Internacional (STI) y del Sistema de Registro Nacional Migratorio (SISMIGRA), ambos de la Policía Federal de Brasil.
Para este trabajo se optó por una metodología cualitativa de carácter exploratorio, justificada por el objetivo de «aportar información descriptiva sobre procesos y aspectos valorativos y motivacionales» (Roca Girona y Djurdjevic, 2022: 4), enfocándose en las narrativas de los informantes. La propuesta metodológica, por lo tanto, no buscó la representatividad estadística, sino un acercamiento profundo «a las experiencias vitales y a las situaciones significativas para los actores sociales» (Pujadas et al., 2010: 195), centrales para el estudio.
La principal técnica de recogida de datos utilizada ha sido la entrevista, con énfasis en la comprensión de la dinámica social, las estrategias de agenciamiento migratorio afgano y las especulaciones respecto a su futuro y al de Afganistán. Se llevaron a cabo tanto entrevistas en profundidad semiestructuradas, destinadas a los afganos y afganas participantes de la investigación, como entrevistas no dirigidas, con enfoque en las personas involucradas en las entidades de acogida.
Debido a la distancia geográfica (la investigación se llevó a cabo en España), las entrevistas solo pudieron realizarse en línea, mediante videollamadas, además de toda la investigación teórica sobre el tema. El ámbito territorial de la investigación se ha centrado en el estado de São Paulo, en Brasil, ya que todas las personas participantes residían en esa región en el momento del estudio. Los informantes fueron contactados mediante las redes sociales, como Instagram y Facebook, y las redes de apoyo a migrantes afganos en Brasil, incluyendo la ONG Panahgah y la Organización de Rescate de Refugiados Afganos (ARRO, acrónimo en inglés). Además, algunos participantes fueron referidos por otros migrantes ya establecidos en el país, facilitando el acceso a una muestra diversa.
Para la investigación, hemos definido tres unidades de observación principales: las personas que han migrado con toda la familia nuclear; las personas que han migrado solas o en compañía de una persona más, ya sea un familiar o un amigo, y, por último, las entidades que tratan directamente el tema del refugio y de la migración de afganos en territorio brasileño.
Siguiendo la recomendación de Guber (2001) y de Pujadas et al. (2010), en función de la tipología de los interlocutores, la muestra ha considerado variables como género y estado civil, lugar de nacimiento (ya sea directamente en Afganistán o como parte de las generaciones diaspóricas) y el contexto migratorio individual o familiar. En total, nueve personas han formado parte de la investigación, siendo tres de Brasil y seis de Afganistán. Las entrevistas se realizaron en inglés, portugués o persa, en este último caso con la ayuda de una intérprete en inglés. Todos los fragmentos utilizados en este artículo fueron traducidos libremente del inglés o portugués al castellano. Los informantes han preferido usar su nombre real, aunque se han omitido los apellidos para preservar el anonimato. Disponemos en la Tabla 2 los datos básicos del perfil de los participantes.
Tabla 2. Relación de informantes que han participado en la investigación
Nombre |
Edad |
Estudios /Profesión en origen |
País de nacimiento |
Dónde ha crecido |
De dónde vino |
Llegada a Brasil |
Con quién ha viajado |
Fecha de la entrevista |
Mostafa |
33 |
Graduado en derecho / especializado en derechos humanos |
Irán |
Irán |
Irán |
Abril de 2023 |
Con el hermano |
25/11/2023 |
Laila |
32 |
Graduada en Administración |
Irán |
Irán |
Irán |
Septiembre de 2022 |
Con la familia |
06/12/2023 |
Najmudin |
28 |
Estudiante de Medicina |
Afganistán |
Afganistán |
Pakistán |
Septiembre de 2023 |
Con la familia |
22/12/2023 |
Kawa |
34 |
Médico y empresario |
Afganistán |
Irán |
Pakistán |
Agosto de 2022 |
Con una amiga |
03/01/2024 |
Esmatullah |
19 |
Artesano |
Afganistán |
Irán |
Irán |
Noviembre de 2022 |
Solo |
04/01/2024 |
Muhaddisa |
26 |
Oficial del Ejército |
Afganistán |
Afganistán |
Irán |
Noviembre de 2022 |
Sola |
29/01/2024 |
Sophia |
21 |
Presidenta de Panahgah / Estudiante de Derecho |
Brasil |
Brasil |
No aplica |
No aplica |
No aplica |
27/11/2023 |
Ana Paula |
40 |
Vicepresidenta de ARRO / Tiene un máster en Letras y es especializada en Geopolítica y Relaciones Internacionales |
Brasil |
Brasil |
No aplica |
No aplica |
No aplica |
01/12/2023 |
Sheila |
50 |
Representante comercial |
Brasil |
Brasil |
No aplica |
No aplica |
No aplica |
04/01/2024 |
Fuente: Datos de las entrevistas. Elaboración propia.
Es interesante notar que el historial de movilidad de los informantes se repite de manera rigurosa, lo que evidencia una característica importante de la diáspora afgana. Con excepción de Muhaddisa y Najmudin, quienes vivieron en Afganistán toda su vida hasta el regreso del talibán, el resto migró por primera vez a Irán durante la infancia o pertenece a la generación transnacional, habiendo nacido en Irán y regresado al país de sus ancestros ya en la edad adulta. Detrás de la decisión familiar de migrar, un mismo telón de fondo: la violencia y la falta de perspectivas ante los conflictos derivados de la ocupación soviética entre 1979 y 1989.
Quienes nacieron en Irán y decidieron trasladarse a Afganistán comparten el sentimiento común de vivir entre dos culturas sin sentirse plenamente parte de ninguna de las dos. Al no poder obtener la ciudadanía iraní, se percibían a sí mismos como refugiados en el país. Por eso, veían su retorno a Afganistán como una oportunidad para desarrollar sus vidas en mejores condiciones y contribuir a la reconstrucción del país como ciudadanos.
Ir a vivir en Irán a esa edad [a los 4 años] fue difícil para nosotros. Pasamos por muchas cosas hasta que mi padre encontró trabajo, empezando otra vida en Irán, y cuando crecí, tenía unos 20, 21 años, no sé, ocurrió el 11 de septiembre y luego América llegó a Afganistán. Cuando me di cuenta de que «ahora, sí, es seguro», dejé Irán para regresar a Afganistán y hacer lo que quisiera, porque los refugiados en Irán no tienen ningún derecho. Era terrible y yo era una persona joven y ambiciosa. (Kawa)
Otra característica que, al mismo tiempo, comprometía e impulsaba la movilidad de los informantes era la persecución de los talibanes contra sus familias, ya fuera antes o durante el período de la intervención militar estadounidense. Cuando comenzó la ofensiva en Afganistán, la resistencia inicial se consideró escasa (Priego, 2021). Sin embargo, a lo largo de los veinte años de ocupación, se constató que no solo algunas zonas seguían bajo el yugo de los talibanes, sino que el propio gobierno financiado por Washington incluía en sus filas a criminales de guerra que habían sido blanqueados como interlocutores políticos (Bernabé, 2023). Todos los acontecimientos posteriores llevaron a un desenlace previsto por muchos analistas, pero inconcebible para muchos afganos: un nuevo régimen talibán décadas después de su derrumbe inicial.
Los talibanes acusaron a mi padre, colaborador en los esfuerzos de reconstrucción [del país], como un supuesto espía de los Estados Unidos. Estas amenazas tienen su origen en las regiones controladas por ellos. La situación se agravó profundamente tras la trágica muerte de mi padre el 1 de julio de 2012, cuando los talibanes lo acusaron de infidelidad y justificaron su asesinato basándose en su interpretación de la sharía islámica. Los desafíos aumentaron aún más tras la toma de Kabul en agosto de 2021. (Najmudin)
En la familia de Esmatullah, cuatro primos de su padre fueron asesinados por el talibán en función de discusiones sobre el uso del agua en su ciudad natal, Gazni. Por eso, su familia nuclear fue migrando poco a poco a Irán y su padre nunca lo dejó volver a Afganistán. Eso cambia, en efecto, cuando el talibán reasume el poder. El tío de Esmat (apodo que ganó en Brasil), quien trabajaba en el gobierno afgano, les ayudó a él y a su hermano a obtener el visado, a pesar de que, en teoría, no estarían entre las prioridades establecidas, las cuales daban preferencia a aquellas personas que se enfrentaban con un riesgo inmediato de persecución. Es decir, personas que tenían alguna relación previa con el gobierno afgano o con el gobierno o empresas estadounidenses que operaban en el país.
El nivel de riesgo también es notable en el caso de los demás informantes. Kawa, además de médico y dueño de una empresa de viajes, era socio del Kabul Music Club, el primer club de música en el que hombres y mujeres nacionales y extranjeros podían compartir momentos de ocio. «Una sentencia de muerte, de hecho» (Kawa). Mostafa trabajaba con derechos humanos, desarrollo y protección de mujeres. Muhaddisa era integrante del ejército afgano en Kabul. Laila trabajaba en la televisión y su marido era empleado de una empresa norteamericana. Todos han visto su vida desvanecerse en un par de semanas.
El vínculo de la movilidad afgana con los tiempos de crisis simboliza una experiencia cotidiana histórica que culminó en varias contingencias amenazadoras,6 pero que también representó «escenarios con condiciones propicias para la transformación social» (Visacovsky, 2016: 265). Así, la migración es un elemento cultural omnipresente, ampliamente respaldado por las redes transnacionales que se han ido creando a lo largo de las décadas.
Candau (2016: 189) nos recuerda que «la forma en que los grupos e individuos enfrentan la pérdida siempre nos informa sobre el juego de la memoria y la identidad» dentro de determinada sociedad. Las memorias de los informantes nos enseñan un poco el doble efecto al proyectar el futuro de su país a partir de lo que la memoria colectiva les generaba, mientras también creaban recursos para anticipar su propio futuro fuera del estado crítico en el que se encontraban.
Todas mis esperanzas y sueños desaparecieron, solo pensaba en la muerte, porque los talibanes odian a las mujeres, solo saben matar. Mis padres me llamaban y lloraban. Nuestro dinero quedó atrapado en el banco. Íbamos todos los días para poder sacar algo para comprar comida, pero estaba cerrado. No salí de casa durante una semana. Tenía miedo de que me golpearan. Cuando finalmente salí, fue muy aterrador. Todos estaban armados. Estuve atrapada en Afganistán durante seis meses porque todas las embajadas habían abandonado el país. Después de eso, finalmente la embajada de Irán comenzó a operar y recibimos la visa iraní en marzo de 2022. Ahora es igual que hace 15 años. Las mujeres no pueden salir, no pueden ir a la escuela y no pueden caminar solas, y tienen que cubrirse el cuerpo con el burka. (Laila)
La sensación de peligro entre los informantes era muy concreta. No solo temían perder sus ingresos, ya que de la noche a la mañana sus trabajos habían desaparecido, sino que también se preocupaban por su integridad física. Antes de que Kawa se marchase a Pakistán, por ejemplo, siete personas armadas irrumpieron en su piso, lo golpearon, rompieron su guitarra e incluso confiscaron su pasaporte, el cual logró recuperar algún tiempo después. Así pudo seguir con su plan de irse a Pakistán y luego a Irán para solicitar el visado brasileño en la embajada.
Cruzar las fronteras con Irán y Pakistán tampoco es una tarea sencilla. Además de los transportistas, comerciantes y halawadars7 que forman parte de una red informal de movilidad, también operan redes de trata de personas y de contrabando de drogas en estas fronteras. Hay que decir que, aunque los agentes que facilitan el corredor migratorio suelen ser criminalizados, los estudios de campo revelan que estas redes son fundamentales en el cruce y no siempre tienen este carácter criminal como otros grupos (Khosravi, 2021; Safri, 2011).
En términos generales, a pesar del estrés y de la incertidumbre, los informantes lograron cruzar las fronteras sin grandes dificultades, gracias al apoyo de personas que dominaban el lenguaje fronterizo y a la red de contactos que mantenían tanto en su lugar de origen como en el de destino. Además, contaron con el respaldo de personas en otras localidades, como en el caso de Muhaddisa, quien recibió ayuda de un periodista polaco que había conocido mientras trabajaba en el ejército.
Asimismo, Laila, Mostafa y Kawa tenían familiares en Irán y contacto con extranjeros conocidos que ya habían salido de Afganistán. Toda esta red transnacional ha sido fundamental no solo para la circulación de recursos financieros, sino también para obtener información clave sobre cómo salir del país, conseguir un visado y llegar a Brasil, un país que, en muchos aspectos, les era desconocido.
Tener conexiones en el país de destino es un punto de inflexión en la experiencia migratoria en general. Muhaddisa, Laila y Najmudin han mantenido contacto con la ONG Panahgah (refugio en persa) desde antes de llegar a Brasil. Sophia, presidenta de la organización, ha articulado un trabajo de cooperación con instituciones nacionales e internacionales, así como con el gobierno de los Estados Unidos, para facilitar la acogida de los migrantes a través de patrocinios externos. Además de ayudar con la documentación, la búsqueda de vivienda, las clases de portugués y la administración financiera, el trabajo también tenía el objetivo de alertar a los afganos sobre las redes de trata de personas y las bandas que actúan incluso desde el aeropuerto, ofreciendo sus «servicios» para continuar la travesía hasta la frontera de los Estados Unidos.
Tanto Sophia como Ana Paula, vicepresidenta de la Organización de Rescate de Refugiados Afganos (ARRO), organización fundada por afganos en Brasil, mencionaron el deseo de muchos migrantes y refugiados afganos de vivir en los Estados Unidos, ya sea por la influencia de los años de intervención militar o porque muchos de ellos son trabajadores cualificados y ya hablan inglés. Lo cierto es que la cultura de movilidad entre los afganos les permite ver a Brasil no solo como un país de acogida, sino también como un lugar de tránsito.
Nosotros nos asustamos cuando nos cuentan. Y percibo que a ellos no les importa mucho. […] Para ellos, eso es pan comido, ¿me explico? Ya han tenido que pagar algo a un contrabandista. Probablemente ya han pasado por manos de gente que estaba haciendo tráfico allí, principalmente para huir de Afganistán hacia Pakistán o Irán. No es una novedad. A pesar de que les digas «mira, hay selva, hay desierto, hay vallas en el agua, hay gente que mata en el camino». Es algo que no parece asustarles mucho. (Ana Paula)
Khosravi (2021: 55) destaca que una cultura de desplazamiento «surge cuando la migración se arraiga tan profundamente en una sociedad que la perspectiva de traslado se convierte en normativa», como es el caso de Afganistán y de algunos de sus países vecinos. Para los migrantes que deciden quedarse en Brasil, tanto ARRO como Panahgah están involucradas no solo en su inserción en la nueva comunidad que se está formando, sino también en el fortalecimiento de esa red para que los afganos puedan organizarse en la lucha por sus derechos. Las organizaciones actúan en un frente institucional para fomentar el debate acerca de los retos de la acogida humanitaria en la sociedad civil brasileña, y han trabajado junto al poder público para visibilizar los derechos y las aspiraciones de afganos y afganas que viven en el país.
Los principales puntos están relacionados con el cambio en la normativa ministerial, que ha impactado severamente en la emisión de nuevos visados humanitarios, la mejora en la acogida en el aeropuerto, la validación de los diplomas universitarios, la inserción en el mercado de trabajo y, finalmente, la reagrupación familiar. Esta última se ha convertido en una de las principales reivindicaciones junto al poder público.
Así como debemos romper con la interpretación hermética acerca de la cultura, las etnias y las prácticas que integran las identidades de los refugiados afganos, el mismo ejercicio vale para las diferentes estrategias de aculturación ante las oportunidades y las dificultades que encontraron en Brasil. Para algunas personas, esto comenzó en el momento en que llegaron al aeropuerto. Mientras que Esmat y Mostafa terminaron viviendo por un tiempo en la terminal 2 de Guarulhos (ya que el visado garantizaba la entrada, pero no el asentamiento), Kawa se dirigió a un albergue por invitación de un grupo cristiano. Por su parte, Najmudin, Laila y Muhaddisa, quienes estaban bajo el cuidado de Panahgah, tuvieron la suerte de ir directamente a un hotel para, posteriormente, buscar una casa con el apoyo de la organización.
La dificultad de comunicación, la burocracia brasileña y los códigos culturales totalmente distintos a los suyos fueron algunos de los obstáculos para la inclusión e integración más comentados por los informantes. La comida, la falta de alfombras en las casas, la manera de vestirse y la relación entre géneros también fueron elementos mencionados que generaron extrañeza.
Tanto los participantes de Brasil como los de Afganistán han resaltado la comida como un reto inicial con el que tuvieron que lidiar, especialmente aquellos que llegaron con su familia directa. Los estudios antropológicos sobre el tema indican que el comportamiento relacionado con la alimentación aporta un valor identitario incuestionable (Mintz, 2006), reforzando uno de los principales anclajes con el lugar de origen.
Todos estaban tristes debido a las diferencias, la cultura y la comida. Nos dieron comida, pero no nos gustaba. La forma de cocinar era muy diferente. Así que preferimos quedarnos con hambre que comer esa comida, de verdad, porque estábamos muy molestos por la gestión del hotel. Los afganos comemos mucha carne de cordero. Pero no podíamos encontrarla, y no comemos cerdo. No podíamos encontrar ninguno de nuestros alimentos aquí. […] Como la mayoría de los brasileños no son musulmanes, la comida aquí no es adecuada para nosotros. (Laila)
Los ritos, el territorio, la comida, el paisaje, las lenguas y las múltiples interacciones de la vida social representan algunas de las formas simbólicas de expresar una identidad colectiva o étnica. En este sentido, Levitt y Glick-Schiller (2004) enfatizan cómo la religión, por ejemplo, también forma parte de la (re)configuración de la identidad de los migrantes, particularmente si las creencias y las prácticas en el país emisor y en el receptor no se corresponden. Sin embargo, hay que reconocer la pluralidad de las formas de adaptación de las prácticas religiosas en ese nuevo contexto.
Entre los informantes, se ha notado especialmente un cambio respecto a cómo vivencian el islam en Brasil, y también, en algunos casos, cómo la religión ocupa un lugar secundario o, incluso, inexistente en su vida. Esta heterogeneidad ayuda a romper los estereotipos reproducidos entre los brasileños y reforzados a lo largo de las últimas décadas por la prensa. Esmat, por ejemplo, reza a su manera y cuando tiene ganas, pero como no pudo estudiar en Irán, no sabe leer el Corán. Desde Panahgah, Sophia ofreció llevar a los migrantes a la mezquita, pero muchos no quisieron ir. Kawa no se considera religioso. Laila y Muhaddisa, por su parte, han dejado de usar el hiyab, ya sea porque no se identificaban con ello o porque no querían que la gente las mirara fijamente en la calle.
A pesar de la variedad de creencias, del sincretismo religioso y del hecho de que muchas personas no siguen ninguna religión, el cristianismo sigue siendo predominante en Brasil. Debido al crecimiento del conservadurismo y su reflejo en las pautas políticas y morales en los últimos años (Luna, 2023), no es inusual encontrar casos flagrantes de intolerancia religiosa. Los informes también señalan un incremento en las manifestaciones de islamofobia (Barbosa, 2022; Dos Santos et al., 2023), especialmente a partir de los conflictos más recientes entre el gobierno de Israel y el grupo palestino Hamas. Además, es común encontrar grupos que trabajan con el objetivo de evangelizar a los musulmanes en Brasil.
Darse cuenta de los obstáculos para integrarse puede convertir la esperanza en desilusión. Como observa Visacovsky (2011: 33), la disrupción de lo ordinario provocada por los estados críticos reúne «el doble atributo de ser vehículo de cambio y, paralelamente, alberga y promueve experiencias de padecimiento».
Mientras que Kawa, Muhaddisa, Esmat y Laila hicieron amistades que han sido fundamentales en su proceso de adaptación e inclusión, Mostafa, por ejemplo, se sintió decepcionado con la imagen que tenía de Brasil como un país de personas amables. Kawa enfatizó que «no es fácil entrar en la vida de las personas» en Brasil. Según él, los afganos abren sus corazones a sus invitados. Aun así, logró encontrar a gente que lo ayudó a empezar desde cero en São Paulo. Gracias a todo lo que ha logrado en su proyecto migratorio, ha decidido quedarse en el país, a diferencia de Mostafa.
Quizás Esmat fue la persona cuya biografía tuvo el giro más inesperado entre los informantes. Durante los dos meses en que literalmente vivió en el aeropuerto, conoció a una pareja de voluntarios que brindaba asistencia a los migrantes. La afinidad entre ellos fue tan intensa e instantánea que crearon un vínculo lo suficientemente fuerte como para invitar al afgano a mudarse a su casa. De esta manera, Sheila y Charles se convirtieron en «los papás brasileños» de Esmatullah. Los padres biológicos en Irán se sintieron contentos al saber que su hijo había encontrado un hogar. Además de recibirlo como parte de la familia, Sheila y Charles lo alfabetizaron en portugués y lo apoyaron para cumplir su sueño de tener una empresa de bolsas y mochilas producidas por él mismo.
La experiencia de revivir los momentos del pasado puede ser compleja, ya que la memoria, tanto individual como colectiva, «nunca es una reproducción exacta de los eventos recordados, sino más bien una reconstrucción» (Candau, 2012: 861). Por lo tanto, es necesario mediar los relatos a través de «puntos de referencia que simbolizan y facilitan las trayectorias temporales» (Knight, 2017: 37). Además de los objetos personales que han logrado llevar consigo a Brasil, muchos migrantes traen en sus maletas utensilios de cocina, libros, fotografías y algunas prendas típicas que les recuerdan la vida y los proyectos que tenían en su país. En definitiva, estos objetos les evocan quiénes eran antes de huir de Afganistán, algo que, para muchos, ya trae consigo recuerdos de experiencias previas de movilidad.
Nací en Irán, terminé mi escuela allí, aprendí la cultura iraní, es natural que tenga sentimientos por Irán. Pero me gusta más Afganistán, mi corazón está allí. Si Afganistán no hubiera caído, nunca habría pensado en migrar. No era un país desarrollado, pero éramos felices allí. (Laila)
Espero que algún día podamos ver un Afganistán libre, sin radicalismo ni guerra. Y realmente lo deseo porque, desde que nací, recuerdo que Afganistán ha estado en guerra. Deseo que algún día podamos vivir sin miedo, que podamos escuchar música, que las chicas puedan ir a la universidad. (Kawa)
Mi padre dice que, si Afganistán mejorara y los talibanes no hicieran daño, todos volverían. Él ni siquiera dejaría que me quedara aquí [risas]. ¡Pero yo no vuelvo! (Esmat)
Así como la crisis en Afganistán no empezó con los talibanes, es cierto que tampoco terminó con las décadas de intervención estadounidense. En lugar de adoptar discursos salvacionistas, Barbosa et al. (2022: 393) resaltan que los afganos han sido históricamente impulsados «a la lucha y la resistencia por su cuenta y riesgo, y dada la situación actual, todo indica que, una vez más, no será diferente», independientemente de cómo y dónde definan su hogar.
La coexistencia del ir y venir entre la ausencia y la presencia, la pertenencia y la no pertenencia, constituyen, por ende, el caldo de cultivo que nos ha permitido desbordar las categorías migratorias en esta investigación, ya que conceptos como «migrante económico», «refugiado político», «migración forzosa», entre otros, demuestran ser reduccionistas también en el contexto afgano (Monsutti, 2021).
Los resultados ponen de relieve los miedos, las ansias y los dolores de la dislocación ante la incapacidad de anticiparse a un futuro que se vuelve cada vez más incierto. Sin embargo, también evidencian la pluralidad de vivencias, estrategias y el encuentro de los deseos comunes tanto para sus vidas como para su país. Es en medio de esta diversidad que evaluamos la importancia de las redes transnacionales y la capacidad de toma de decisiones en el historial de movilidad de nuestros informantes.
Si las personas entrevistadas pudieran representar, de algún modo, al colectivo afgano que ha llegado a Brasil, podríamos decir que objetivamente se trata de individuos y familias con recursos económicos y culturales que corresponden al emprendimiento de una mudanza de esa magnitud. No obstante, los relatos describen un universo mucho más complejo y variado que no puede ser sistematizado en este artículo.
También es interesante pensar que el mismo dispositivo legal que permitió la llegada de afganos durante un gobierno de ultraderecha limitó sustantivamente la entrada de nuevos refugiados bajo un gobierno más progresista. También hay que mencionar que está en curso la construcción a nivel federal del primer Plan Nacional de Migraciones, Refugio y Apatridia, con propuestas que buscan garantizar la interculturalidad en la acogida y en el establecimiento de los migrantes.
El hecho de destacar la autonomía de la migración afgana implica no solo analizar la relación entre la delimitación del territorio y la construcción de identidades híbridas o transnacionales a través de los procesos migratorios (Appadurai, 1999; De Genova et al., 2018; Levitt y Glick-Schiller, 2004), sino también desarrollar una conciencia histórica que vaya más allá del análisis del fenómeno migratorio como un efecto de las contingencias amenazadoras del presente. De hecho, la migración que hemos abordado es una consecuencia del colonialismo y de las disputas imperialistas que siguieron en Afganistán. Es precisamente este pasado histórico, generador de crisis y desigualdad, lo que ha hecho imposible para muchas personas construir una vida digna, ya sea en su país de origen o en los nuevos territorios en los que se han establecido (Khan, 2001).
Para finalizar, no cabe duda de que la inclusión de nuevos países en el escenario diaspórico afgano, ya sean de acogida o de paso, nos exigirá reconsiderar no solo «nuestras imágenes de ciudades, espacio y afiliación territorial» (Appadurai, 1999: 119), sino también la posibilidad imaginativa de un mundo efectivamente sin fronteras y con valores de un «cosmopolitismo crítico» (en palabras de Gerard Delanty, citado en Roca Girona y Djurdjevic, 2022), que requiere un nivel mayor de conciencia en el proceso intercultural.
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1 Los presidentes Obama, Trump y Biden aprobaron y promovieron las negociaciones con los talibanes en sus respectivos mandatos. «Esencialmente, lo que se acordó en Doha fue la retirada progresiva de las tropas americanas a cambio de no permitir que el territorio afgano fuera utilizado para atacar a terceros estados. En otras palabras, se permitió un gobierno talibán a cambio de evitar un segundo 11S» (Priego, 2021: 26).
2 Trabajo también titulado «Narrativas de la diáspora afgana en Brasil: memorias, desafíos y futuros imaginados», dirigido por el Dr. Jordi Roca i Girona, en el marco del máster en Antropología Urbana, Migraciones e Intervención Social, de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona.
3 Los muyahidines son denominados por las personas que hacen la yihad, que es la defensa militar del islam. Ellos formaban parte de la Alianza del Norte para luchar contra las tropas soviéticas en Afganistán, y se autodenominaban «combatientes por la libertad» (Bernabé, 2023: 45).
4 Afganistán es el quinto país con el mayor número de desplazados internos por situaciones de violencia y eventos climáticos o naturales, con más de 3,5 millones de personas, situándose detrás de Siria, Congo, Colombia y Yemen (McAuliffe y Triandafyllidou, 2021).
5 Esta consistió en la sustitución de la mano de obra esclava negra por más de 40 millones de europeos, reforzando el mito de la democracia racial brasileña. Hay que destacar que el desplazamiento de, aproximadamente, cuatro millones de africanos esclavizados entre los siglos XVI y XIX no es considerado migración por algunos autores, sobre la base de su carácter compulsorio, forzoso y violento (Oliveira, 2020). Aun así, hacemos hincapié en la importancia social, cultural e histórica de la diáspora africana en Brasil.
6 Según Visacovsky (2011, 2016), se trata de situaciones que ponen en peligro la supervivencia de un grupo social y las formas en que este grupo se organiza para enfrentarlas en su día a día.
7 Los halawadars son intermediarios responsables de operar el hawala, sistema informal de remesas basado en relaciones de confianza, práctica históricamente habitual entre los afganos que viven en Irán y Pakistán para enviar dinero a sus familiares en el país de origen (Safri, 2011).