“ES MUCHO MÁS FÁCIL ESQUIVAR JERINGUILLAS QUE BOMBAS”: APROXIMACIÓN ETNOGRÁFICA AL MOVIMIENTO ANTIVACUNAS EN CATALUNYA

PATRICIA DE LLOBET VILADOMS

Máster en Antropología Urbana, Migraciones e Intervención Social

patricia.dellobet@gmail.com · https://orcid.org/0000-0002-3502-7057

RESUMEN: El estallido de la pandemia producida por el virus SARS-CoV-2 tuvo un gran impacto social y económico en las sociedades de todo el mundo. Las diferentes medidas impuestas para intentar controlar los contagios fueron percibidas como arbitrarias y como un ataque a la libertad individual por muchas personas, especialmente por los colectivos antivacunación. Durante el transcurso de la pandemia, estos grupos encontraron una oportunidad política inmejorable, primero con la carrera de las farmacéuticas para sintetizar las vacunas y, a continuación, a lo largo de la campaña de vacunación, tiempo en el que fueron ganando protagonismo mediático y social. Los colectivos antivacunas se mostraron especialmente activos durante este periodo a través de Internet y las redes sociales; haciendo uso de la acción colectiva, convocaron protestas y manifestaciones como forma de presión contra las medidas que consideraban injustas. Este trabajo es una aproximación etnográfica al movimiento antivacunas en Cataluña en tiempos de la COVID-19 cuyo objetivo es caracterizar el fenómeno para conocer los distintos perfiles presentes en el movimiento, sus discursos y sus reivindicaciones.

PALABRAS CLAVE: Discurso; antivacunas; pandemia COVID; sociedad en red.

"IT'S MUCH EASIER TO DODGE NEEDLES THAN BOMBS": AN ETHNOGRAPHIC APPROACH TO THE ANTI-VACCINE MOVEMENT IN CATALONIA

ABSTRACT: The outbreak of the SARS-CoV-2 pandemic had a major social and economic impact on society worldwide. The measures imposed by governments to attempt to control the contagion were perceived as arbitrary and as an attack against individual freedom by many people, especially anti-vaccine groups. During the course of the pandemic, these groups found an excellent political opportunity to increase their social and media profile, first as the pharmaceutical companies raced to develop the first vaccine and subsequently throughout the vaccination campaign. The anti-vaccine groups were particularly active during this time and, using collective actions and the Internet and social media they called for protests and demonstrations against the measures they considered unfair. This study takes an ethnographic approach to the anti-vaccine movement in Catalonia during the COVID-19 pandemic to characterize the phenomenon, the different profiles in the movement, its discourses and its claims.

KEYWORDS: Discourse; antivaccine; COVID pandemic; network society.

1. Introducción

El estallido de la pandemia del virus SARS-CoV-2 en marzo de 2020 y el confinamiento obligatorio en muchos países hicieron que por primera vez en la historia se utilizaran a gran escala la tecnología y las redes sociales para ayudar a las personas a mantenerse seguras, informadas, productivas y conectadas, pero, a la vez, se expuso más que nunca a la población a información proveniente de Internet y las redes sociales (WHO, 2020). La sociedad ansiaba desesperadamente datos fiables sobre la pandemia y el virus, pero el método científico y el sistema de publicación científica no estaban preparados para dar respuesta a todas las preguntas que se formulaban en el momento en que se planteaban. La COVID-19 se convirtió en objeto de interés público y mediático, al tiempo que en objeto de estudio médico y científico (Larrondo-Ureta, 2021). Durante ese tiempo, diferentes formas de entender la realidad que antes de Internet y la sociedad en red podían quedar relegadas a la anécdota, ahora se volvían virales.

A través de una aproximación etnográfica a dos grupos antivacunas, se ha querido caracterizar y analizar los discursos, prácticas y funcionamiento de este movimiento en Catalunya durante la pandemia de COVID-19. El objetivo es comprender cuáles son los argumentos y los motivos que hacen que ciertas personas lleguen a la conclusión de que un avance científico que ha contribuido a salvar vidas y ayudado a erradicar enfermedades es en realidad un instrumento de poder político y económico con el que se pretende engañar o someter a la población. Las preguntas que han guiado la investigación realizada han sido las siguientes: ¿cómo se organizan los grupos antivacunas en Cataluña?, ¿son grupos establecidos y estructurados o personas que se agrupan en torno a eventos concretos?, ¿cuáles son sus argumentos y reivindicaciones?, ¿cómo ha influido en sus discursos el estallido de la pandemia de la COVID? y ¿cuál ha sido la dimensión e incidencia de sus discursos durante la pandemia?

Es importante remarcar que las circunstancias en las que se desarrolló la investigación, durante la pandemia y en plena campaña de vacunación contra la COVID-19, ha hecho necesario un ejercicio extra de contextualización de la información obtenida. El trabajo de campo y la recogida de datos se realizaron en un momento en que los grupos antivacunas, objeto de estudio, se encontraban en su cénit, por lo que se trata de una información situada cuyo marco coyuntural no se puede perder de vista.

2. Antecedentes del movimiento antivacunas

2.1 El caso Wakefield

En 1998, el investigador Andrew Wakefield publicó en la prestigiosa revista The Lancet un artículo que relacionaba la vacuna triple vírica con el autismo. Afirmaba haber encontrado una asociación entre el autismo y los problemas intestinales en niños con esta condición que era debida a la prevalencia del virus del sarampión (que se inoculaba con la vacuna) en los intestinos de estos niños (Wakefield et al., 1998). Investigaciones posteriores detectaron numerosas irregularidades en el estudio y demostraron que el artículo y las conclusiones eran fraudulentas. La revista tardó doce años en retirar la publicación, y finalmente Wakefield fue expulsado del colegio de médicos. A pesar de la retirada del artículo, el impacto de su difusión a través de Internet generó importantes consecuencias para la salud pública en muchos países, especialmente en el Reino Unido, donde los índices de aceptación de las vacunas pasaron del 92 % al 80 % entre 1995 y 2004 (Jansen, 2003). En el 2007, el sarampión fue declarado endémico, cuando trece años antes su propagación había sido considerada frenada (Jolley y Douglas, 2014). Muchas familias decidieron no vacunar a sus hijos a pesar de las irregularidades y de que el artículo de Wakefield era poco inteligible para el público en general. Se pusieron en marcha los mecanismos de las emociones reflejas, las respuestas automáticas a sucesos o informaciones que, cuando son tomados como paradigma, aumentan su capacidad disruptiva. Son aquellos sentimientos de aprobación o rechazo que, junto con la satisfacción de hacer lo que es (o se cree) correcto, pueden conducir a la toma de decisiones basadas en intuiciones; son las emociones morales (Jasper, 2012).

2.2 El movimiento antivacunas y la sociedad en red

La publicación del artículo de Wakefield coincidió con la consolidación de Internet y el inicio de la transformación de la morfología y la organización de la comunicación socializada, cuando se pasó de la comunicación de masas a la autocomunicación de masas, lo que facilitó que los movimientos sociales se convirtiesen a la vez en movimientos locales y globales (Castells, 2012a). Muchos movimientos (también los grupos antivacunas) supieron aprovechar el potencial de la red para transmitir su mensaje y expandir sus discursos, sin la dificultad que suponían los filtros de control informativo o veracidad de otros medios (Castells y Martínez Gimeno, 1997).

Internet da acceso a gran cantidad de información. Por una parte, información empírica y contrastada en forma de artículos científicos, escritos en lenguaje técnico complejo; y, por otra, información sobre experiencias de otros usuarios relatadas en un lenguaje mucho más comprensible, pero que puede estar basada en opiniones, supuestos o supersticiones y estar situada al margen del conocimiento científico (Fernández-Niño y Baquero, 2019). La red, como contenedor, sitúa en un mismo nivel el conocimiento empírico y científico y las opiniones y los supuestos, lo que puede provocar que la información quede reducida a las infinitas “verdades” personalizadas que, presentadas como legítimas, hacen que el relativismo gane terreno en todos los ámbitos y dimensiones del conocimiento, de forma que ya no hay hechos objetivos, sino múltiples significados y modos de “conocer” (Kata, 2012). En este contexto, los padres que se enfrentan a la decisión de vacunar a sus hijos es probable que busquen información en redes sociales e Internet, en vez de preguntar a su médico o pediatra. En la red encontrarán que algunos de los principales resultados relacionados con vacunas que les ofrece la búsqueda son sitios web antivacunas.

2.3 Discursos y argumentos

Los movimientos antivacunas están formados por grupos heterogéneos de personas más o menos organizadas a partir de una gran diversidad de creencias: políticas, naturistas, ecologistas, religiosas, etc. El análisis de las controversias tecnocientíficas públicas afirma que aquello a lo que nos referimos como “rechazo” o “resistencia” hacia las vacunas son opiniones y actitudes poliédricas que tienen varias formas de expresarse y provienen de diferentes motivaciones. Indican concepciones divergentes del compromiso público con la ciencia, las políticas participativas y la autonomía de los ciudadanos, planteando varias cuestiones políticas y culturales (Durand y Cunha, 2020).

En 2002, se publicó un artículo sobre el vaciado que realizaron Wolfe et al. (2002) del contenido de diversas webs antivacunas, recopilando los principales argumentos, que adquieren mayor o menor peso en función de cada momento. Los argumentos más recurrentes fueron los siguientes: las vacunas pueden causar enfermedades idiopáticas como autismo, trastornos neurológicos y atópicos; existen lotes de vacunas contaminados; la inmunización simultánea contra diversas enfermedades aumenta el riesgo de sufrir efectos adversos; las vacunas dañan el sistema inmunitario, activando la autoinmunidad; solo producen inmunidad temporal; no se informa de todas las reacciones adversas (o fracaso vacunal); las enfermedades contra las que se vacuna hace tiempo que han desaparecido gracias a la mejora de la nutrición y la higiene; existen alternativas homeopáticas y de terapias naturales; la vacunación solo está motivada por los beneficios económicos de la industria farmacéutica; en aquellos países en los que son obligatorias, suponen una violación de los derechos civiles, y en los países donde son voluntarias, una amenaza a las libertades personales. Los mismos argumentos fueron hallados en diversos estudios (Kata, 2012; Salleras, 2018; Torres González, 2018).

Los grupos antivacunas suelen compartir cierta cosmovisión del mundo que proviene de las creencias New Age, tienen una manera diferente de interpretar la evidencia, la ley, el riesgo y la ciencia. En sus discursos encontramos una constante apelación al valor de lo natural y a la naturaleza que Torres-González (2018) define como una falacia argumentativa, ya que se identifica lo natural con lo bueno y lo artificial con lo malo. Otros autores, como Hornsey et al. (2020), comparten este mismo razonamiento y añaden que esta forma de pensamiento los hace mucho más receptivos al uso de terapias alternativas, como la acupuntura y la homeopatía, considerados por la biomedicina como pseudociencias. Aunque no establece un vínculo directo entre estas terapias y la vacilación vacunal, sí que plantea la posibilidad de que sean consecuencia de la desconfianza en la biomedicina occidental. Otra de las características comunes entre estos grupos es que sus componentes suelen tener un alto grado de pensamiento conspirador, un fuerte individualismo y una baja tolerancia ante las afectaciones a sus libertades (Hornsey et al., 2018).

2.4 La pandemia y el discurso antivacunas

Se han realizado numerosos estudios sobre las consecuencias psicológicas de los confinamientos y las medidas para prevenir los contagios. En todos, se encontraron niveles elevados de impacto emocional, estrés, depresión y ansiedad provocados por la incertidumbre y la alta exposición a los medios, con una clara asociación entre el uso frecuente de las redes sociales y los casos de ansiedad y depresión (Apaza et al., 2020; Balluerka-Lasa, 2020; Sandín et al., 2020). Durante la pandemia, la necesidad de la ciudadanía de recibir información actualizada generó dinámicas mediáticas que en ocasiones produjeron el efecto contrario al deseado, la desinformación. La pandemia y los confinamientos predispusieron un escenario que favorecía la expansión de todo tipo de teorías, ya que la COVID-19 se convirtió en objeto de interés público y mediático, a la vez que en objeto de interés médico y científico (Larrondo-Ureta, 2021).

Las medidas adoptadas por las instituciones para combatir la pandemia, como los confinamientos, el uso de mascarilla obligatoria, las campañas de vacunación o el pasaporte COVID, fueron percibidas como arbitrarias y como un ataque a la libertad individual por algunos colectivos. Estas medidas originaron la formación de espacios de protesta, donde los grupos antivacunas se mostraron muy activos al considerar las medidas como injustas. Haciendo uso de la acción colectiva, convocaron protestas y manifestaciones como forma de presión. Crearon espacios en distintas plataformas y redes sociales como medio esencial para transmitir sus mensajes, abrieron foros como espacios de protesta, intercambio y reflexión. Los discursos de los grupos antivacunas adoptaron pautas de la cultura global, ocuparon buena parte del espacio comunicativo, reaccionando frente a diversas problemáticas durante la pandemia, lo que les hizo ganar visibilidad y contribuyó a la polarización social y política (Salgado-Andrade, 2021; Burki, 2020; Moreno-Castro et al., 2022).

Hay evidencias que muestran que la exposición al sufrimiento, las quejas y otras expresiones emocionales de los contactos sociales hace que el estado de ánimo y el estrés puedan propagarse de persona a persona, en un proceso llamado “contagio emocional” (Ruiz et al., 2020). Es la puesta en funcionamiento de las emociones que conducen a la acción:

“Entre las emociones básicas […] la más potente es el miedo, que puede llegar a tener un efecto paralizante; la indignación, por el contrario, puede conducir a la acción. El miedo provoca ansiedad y va asociado a evitar el riesgo, que se supera compartiendo las inquietudes en comunidad […] entonces el entusiasmo que empodera al individuo cuando forma parte de un colectivo. Estos individuos conectados en red superan el miedo. […] La percepción de una injusticia hace que aumente la indignación que puede conducir a la acción cuando se identifica la fuente de la injusticia.” (Castells, 2012b)

La dimensión de compartir una serie de ideas entre los miembros de un grupo social determinado puede llegar a generar una identidad compartida que utilizan como mecanismo distintivo de relación con otros grupos (Simmel, 2010).

2.5 Pseudociencias y conspiración

Algunos autores señalan que pensamientos y concepciones del mundo como los de los antivacunas pueden ser representativos de un estilo cognitivo concreto, una forma de procesar la información que favorecería la creencia en teorías conspirativas, aunque estas puedan ser producidas, también, por un amplio conjunto de valores, ideologías, sentimientos, posiciones políticas, creencias religiosas e incluso frustraciones colectivas (Fernández-Niño y Barquero, 2019). La propensión de los grupos antivacunas a decantarse por un tipo de información alejada del conocimiento empírico y científico, argumentan, puede ser debido al efecto psicológico Dunning-Kruger, un sesgo cognitivo mediante el cual las personas sobrestiman su habilidad sobre un tema concreto, cuando en realidad son las que menos entienden sus fundamentos. Es importante no caer en la simplificación de pensar que son ignorantes; este efecto se debe a un exceso de confianza, que suele darse en personas con altos niveles de exposición a desinformación y que, por tanto, pueden acabar apoyando teorías de la conspiración o pseudociencias (Motta et al., 2018; Fernández-Niño y Barquero, 2019). Con la expansión de las redes sociales, estas teorías se han transformado en un producto de consumo, lo que provocó que durante la pandemia sus discursos y reivindicaciones ganasen espacio mediático y social (Martínez-Gallo, 2020).

“Las pseudociencias ofrecen una simplificación del mundo complejo con discursos cerrados y autoconfirmatorios que mantienen una estructura que los hace irrefutables, descalificando la evidencia. En cambio, se conforman con demostrar una simple posibilidad, no un hecho en sí, para concluir que su teoría ha quedado acreditada. […] La creencia en la intencionalidad manifiesta que todo tiene una causa; las anomalías no explicadas de cualquier versión oficial provocan el nacimiento de teorías alternativas […].” (Martínez-Gallo, 2020: 32).

Estas teorías, además, también generan entre sus seguidores la idea de que hay algo que ellos saben y los demás no, se sienten iluminados, lo que les otorga el deber de informar al resto de la sociedad y los anima a mantener un activismo intensivo (Fernández-Niño y Barquero, 2019). Son grupos que funcionan dentro de la lógica de las protestas ideológico-antagónicas, que les puede conducir a adoptar estilos de vida particulares, intentando diferenciarse del resto de la sociedad e identificándose con principios vitales o morales que los llevan a enfrentarse al sistema, al que convierten en el enemigo (Vallverdú, 2017)

3. Objetivos y metodología

El objetivo principal del trabajo de campo fue realizar una aproximación a los movimientos antivacunas en Catalunya desde una perspectiva etnográfica, para poder entender y comprender cómo se comportan, piensan y relacionan las personas que forman parte de estos grupos. Los objetivos específicos fueron analizar los discursos, las reivindicaciones, las formas de organización y los canales de comunicación que utilizan, así como analizar la incidencia de la crisis de la COVID y la dimensión del fenómeno en el ámbito catalán. Para ello se utilizaron metodologías mixtas, combinando metodologías cualitativas (etnografía digital, observación participante y no participante) y cuantitativas (análisis de datos estadísticos).

A través de la etnografía digital, se pudo observar cómo colectivos antivacunas abrieron grupos en diversas aplicaciones —Facebook, Twitter, WhatsApp, Telegram, etc.—, plataformas en las que durante los confinamientos ganaron peso los discursos digitales, complejos, multimodales y multifactoriales; en especial Telegram, donde los grupos podían compartir contenido que les estaba siendo bloqueado en otras redes sociales. En esta aplicación se llevó a cabo el seguimiento a diversos de estos grupos, y, a partir de los eventos que organizaban y anunciaban, se escogieron dos en los que realizar la observación participante y no participante. El objetivo fue observar y escuchar lo que sucedía en torno a estos actos, captar las conductas de los participantes que solo con la etnografía digital podrían quedar al margen. Salir del ámbito digital para determinar la incidencia de los discursos y argumentos recogidos online y observar cómo se llevaban a cabo las acciones de protesta de forma presencial.

Finalmente, para poder caracterizar el movimiento en Cataluña se analizaron los datos recogidos en el proyecto CONTENT1, un estudio epidemiológico que evalúa diversos efectos a largo plazo de la COVID-19, el estado inmunológico, la salud mental y las desigualdades sociales en el período posterior al confinamiento.

4. El movimiento antivacunas: una asamblea, una manifestación y una encuesta

4.1 La asamblea

Hemos visto como algunos autores identifican a los grupos antivacunas con la cosmovisión y el estilo de pensamiento New Age (Torres-González, 2018; Hornsey et al., 2020), cuyo origen situamos en la segunda mitad del siglo XX, momento en que las grandes religiones empiezan a perder su hegemonía política, cultural y simbólica, y surgen los “nuevos imaginarios culturales”, que se manifiestan en forma de nuevas espiritualidades, terapias holísticas y saberes esotéricos. Cuentan, además, con tres grandes dimensiones: la espiritual, la terapéutica o psicoterapéutica y la del conocimiento o los saberes esotéricos (Prat, 2011). El fenómeno New Age puede ser utilizado tanto como categoría o como movimiento, ya que, a pesar de no tener iglesia, jerarquía o credo, implica un conjunto de creencias y prácticas compartidas, una subcultura (Carozzi, 1995).

Dentro de este esquema y ubicada en la línea de la dimensión terapéutica (y de forma tangencial, la espiritual y esotérica), encontramos la asociación Dulce Revolución (DR), una entidad sin ánimo de lucro que se define como una asociación que busca agrupar a personas que quieran compartir sus experiencias sobre el uso de plantas medicinales y terapias naturales no agresivas. Ubicada en Balaguer, Lleida, cuenta con 3000 asociados y más de 30.000 simpatizantes. Afirman que las plantas que cultivan pueden ayudar a resolver infinidad de enfermedades; por ejemplo, la estevia curaría la diabetes y los Kalanchoe, el cáncer.

En noviembre del 2021, la asociación, a iniciativa de sus grupos Soberanía y Salud (SyS), que se organizan “con el propósito de conectar a todas las personas internacionalmente y para crear una nueva sociedad autosuficiente”, convocó a través de las redes sociales una asamblea abierta en una plaza del barrio de Gràcia de Barcelona. La convocatoria no hablaba de vacunas, sino de “charla sobre cómo alimentarse y sobrevivir a la jungla urbana, mediante los grupos de soberanía y salud sin la caridad político-social”, pero el título ya indicaba que el evento, más allá del tema alimentario, tenía un perfil disruptivo.

Es relevante contextualizar el momento de la pandemia en el que se convoca la asamblea, cuando en Catalunya el nivel de riesgo de contagio era alto. Se acababa de detectar la variante del virus ómicron, altamente contagiosa, y el día 25 de noviembre había entrado en vigor en Cataluña el certificado COVID, necesario para poder acceder a espacios públicos. Era el inicio de la sexta ola, la que más contagios produjo durante toda la pandemia.

Entre las personas reunidas en la plaza estaba Josep Pàmies, fundador de la asociación, que aparece en diversos vídeos de DR haciendo diversas afirmaciones sobre la pandemia, como que las personas fallecidas en las residencias no morían por el “supuesto” virus, sino porque se les había administrado una vacuna modificada contra la gripe (en el momento del vídeo no existía la vacuna contra la COVID). Se montó una plataforma y Pàmies subió con un micrófono; la primera referencia fue sobre las vacunas. Dio la bienvenida a todo el mundo, vacunados y no vacunados, ya que en los grupos de SyS no se discriminaba a nadie, dijo, pues había mucha gente vacunada y arrepentida. En ese momento, una mujer que se sentaba justo detrás de la plataforma levantó la mano y gritó: “¡Yo, yo soy una arrepentida!”. La escena recordaba la liturgia de una misa, donde la plataforma era el altar, el público, los fieles, y Pàmies, el capellán, remitiendo a Prat (2012), que homologa los nuevos imaginarios culturales a las religiones tradicionales. Durante el evento se habló de alternativas a las vacunas para prevenir el contagio de la COVID, se aconsejaba el consumo de dióxido de cloro (MMS)2 o beber chupitos de orina y agua de mar, afirmaciones en línea con las reflexiones de Torres González (2018) sobre el enorme valor simbólico que muchos de los grupos antivacunas dan al reencuentro con la naturaleza, identificando lo natural con lo auténtico.

Pàmies, siempre con su característico tono sarcástico, hablaba mirando por encima de las gafas, levantando los hombros cada vez que hacía una afirmación polémica, buscando la respuesta de apoyo de los presentes. Se producía cierto contraste entre el ambiente relajado, con un público que reía las ocurrencias del que hablaba, y el tono de las afirmaciones, hechas en un lenguaje muy contundente. Las referencias a las vacunas y al certificado COVID fueron constantes durante la charla:

“Tenemos la suerte de que es mucho más fácil esquivar jeringuillas que esquivar bombas, porque, sin duda, es una situación de guerra, de guerra contra el régimen y el sistema represor. La solución es crear una sociedad paralela donde poder vivir la vida tal y como uno quiere y no estar sometidos a lo que nos imponen.” (Pàmies, 2021)

En la estrategia comunicativa utilizada, la inflexión es socarrona, pero en el discurso utilizan un lenguaje bélico y agresivo para transmitir su mensaje, haciendo un uso intensivo del conflicto como forma fundamental de comunicación y socialización. Esto les permite construir el grupo, que, formado por perfiles heterogéneos de personas, se unen alrededor de un discurso que les proporciona un enemigo común. El conflicto es una apelación a la pertenencia que cohesiona y vincula a las personas que forman parte de la comunidad. Son un grupo porque se encuentran en una situación determinada, en un punto de oposición, de contraste y de discrepancia, de disidencia respecto a los demás (Simmel, 2010).

Se animaba con insistencia a crear nuevos grupos de SyS y a generar encuentros para organizar una sociedad alternativa como única manera de sobrevivir al margen del sistema. Dicha insistencia viene motivada por las sinergias y la energía emocional que se genera en los rituales colectivos. Se enfatizaba la idea de que los grupos son de proximidad:

“Son grupos de gente del barrio o del pueblo, donde todos nos conocemos, o deberíamos conocernos, para evitar infiltrados, para compartir conocimientos, para aportar al resto.” (Pàmies, 2021)

Se apelaba a la unión y al sentido de pertenencia y comunidad, situando al grupo ante los demás, los infiltrados. Observamos dos tipologías de protesta social, las inclusivo-globales y las ideológico-antagónicas, que, en clave simbólico-cultural, tienen el conflicto como factor estructural (Vallverdú, 2017). Estos grupos se expresan mucho simbólica y emocionalmente, recurren a menudo al miedo y a entramados complejos de complots secretos, amenazas y riesgos. La militancia activa se vuelve común como una forma de hacer y de estar en el mundo; el sentido de pertenencia juega entonces su papel y, una vez que se asumen los argumentos, sin tiempo para planteamientos más allá de los que ofrece la comunidad, se crea una identidad compartida que, como mecanismo distintivo, ayuda a diferenciarse de los demás. En la confrontación, el conflicto ofrece una válvula de escape (Simmel, 2010).

4.2 La manifestación

El segundo evento donde se realizó la observación fue una manifestación antivacunas en Barcelona organizada por la plataforma World Wide Demonstration3, donde 1100 personas contrarias a la vacunación y a las medidas anti-COVID se manifestaron por el centro de la ciudad. Esta plataforma convocó diversas manifestaciones de carácter global de forma simultánea en más de 150 ciudades de todo el mundo. En Barcelona fue el día 23 de enero de 2022. En ese momento, Cataluña se encontraba en el pico más alto de contagios de la sexta ola, en tres días se notificaron más de 300.000 contagios, a pesar de las restricciones durante la Navidad, como el cierre del ocio nocturno, los toques de queda, la reducción del aforo en lugares públicos y la limitación de reuniones a un máximo de diez personas.

World Wide Demonstration es una plataforma autoconstituida en julio de 2021 sobre cuyos orígenes no se pudo encontrar información consistente durante la investigación. Es una plataforma que proclama luchar por la libertad de expresión, circulación, elección, reunión y en materia de salud. En su web exponían sus objetivos, que eran iguales para todos los países e iban dirigidos contra las políticas y medidas para prevenir contagios durante la pandemia. Afirmaban ser un movimiento de grupos independientes y organizaciones, de las que no proporcionaban ninguna información, y ser un movimiento de abajo a arriba y no de arriba abajo. Sin referirse a acciones concretas, su declaración de intenciones eran principios amplios, como finalizar los confinamientos, prohibir el uso obligatorio de mascarillas, prevenir la vacunación obligatoria, la coacción o la imposición del certificado COVID, poner fin a todas las declaraciones de estado de emergencia en respuesta al coronavirus, etc.

La observación en redes permitió averiguar quién se había encargado de la organización local de la manifestación en Barcelona: la asociación Unidos por la Verdad/Denuncia Colectiva Cataluña (UV), una entidad surgida durante la pandemia, a partir de la unión de dos grupos de Telegram, con el objetivo de colaborar y apoyar las manifestaciones en contra de la “plandemia”4. En una entrevista online, dos de sus fundadores, Brigitte y Francesc, explican:

“Represento a la asociación Unidos por la Verdad, que surgió de los encuentros presenciales de reflexión a partir del inicio del desconfinamiento […], un abogado contactó conmigo porque estaba buscando a gente […] para hacer una denuncia colectiva.” (UV-Brigitte, 3 enero 2022)

Explican también en qué consistían estos encuentros de reflexión:

“[…] son encuentros de reflexiones para comunicarnos entre nosotros, para dialogar y hablar sin miedo, porque no se puede hablar ni con los amigos ni con los familiares. […] Te tratan como un loco, como un apestado casi, […] para poder hablar nosotros, para comunicarnos de forma natural y libre.” (UV-Francesc, 3 enero 2022)

Manifiestan la necesidad de encontrar espacios físicos donde poder compartir con otras personas las experiencias traumáticas que supusieron las situaciones provocadas por los confinamientos, durante los que muchas personas sufrieron un gran impacto psicológico debido a múltiples factores, el estrés psicosocial del cierre, las condiciones personales del confinamiento, la ambigüedad de la amenaza o la carencia de rigor de la información disponible (Sandín et al., 2020). Las realidades relatadas en la entrevista explican cómo los espacios creados en diferentes plataformas y sitios de Internet supusieron un medio esencial para transmitir mensajes, establecer comunidades y compartir reflexiones. Con la finalización de los confinamientos estos espacios se trasladaron al mundo real, canalizándolos en forma de protesta para expresar el rechazo a las medidas impuestas.

La manifestación se convocó con el lema “Por la libertad, la paz y los derechos humanos. Detenemos la dictadura sanitaria. No va de Salud. VA DE CONTROL”, que se podía leer en una gran pancarta. En otros carteles aparecían muchos de los argumentos catalogados como teorías de la conspiración surgidas durante la pandemia: se negaba la existencia del virus, se decía que las tasas de mortalidad se habían exagerado o que todo era un complot para acabar con la libertad de la población, se acusaba a Bill Gates de haber creado el virus para administrar un microchip con la vacuna, se afirmaba que el virus se había escapado de un laboratorio de virología y era un arma biológica de las grandes corporaciones farmacéuticas, etc. (Vega-Dienstmaier, 2020).

Durante la manifestación, los asistentes se mezclaban con el resto de ciudadanos, que se diferenciaban por el uso o no de mascarilla (obligatoria en ese momento). Una mujer repartía panfletos con el lema de la manifestación. Al ser preguntada por el tema de esta, respondió:

“Porque hay que levantar la voz por los derechos de las personas, que nos los han quitado y, si no los paramos, cada vez nos van a pisar más. Es por dignidad y por conciencia.”

Al final de la marcha se leyó un manifiesto, que contenía algunos de los argumentos de las pancartas y los elementos característicos de los grupos antivacunas:

“Como parte de la ciudadanía del mundo que somos y representando […] la soberanía popular consciente, informada de los derechos que todavía tenemos: ¡EXIGIMOS! Explicaciones coherentes y rigurosas a las autoridades sanitarias sobre los hechos inadmisibles que se están produciendo. […] ¡Estamos hablando de dictadura SANITARIA!” (UV Manifiesto, 2022)

En estas palabras, se advierte la idea de las personas despiertas, las que ven más allá, los individuos conectados en red, los que superan el miedo ante la percepción de una injusticia y cuya indignación les conduce a la acción (Castells, 2012b), los iluminados abocados al activismo y al deber de informar al resto de la sociedad (Fernández-Niño y Barquero, 2019).

“Tras la alarmante noticia de la propagación de un SUPUESTO VIRUS mortal cuya existencia ninguna autoridad sanitaria ha sido capaz de demostrar […]. La desinformación continuada, el único relato oficial impuesto y dirigido por grandes corporaciones relacionadas con la OMS con fundamentos de escaso rigor científico. Los medios de comunicación son los encargados de difundir el discurso, una continua PROGRAMACIÓN MENTAL.” (UV Manifiesto, 2022)

En el manifiesto se hace una apelación constante a la falta de información científica adecuada sobre el virus y las vacunas. Las opiniones y concepciones divergentes respecto a la ciencia reclaman, de algún modo, la participación en las cuestiones políticas que afectan tanto a la autonomía como a las libertades de los ciudadanos. Así, dan validez a datos incompletos o parciales con los que se realiza una correlación ilusoria de la información, dando por válida información no rigurosa o falsa y utilizando esquemas de representatividad propios (Larrondo-Ureta et al., 2021), y plantean un conflicto de legitimidades y autoridades en relación con un conocimiento científico específico. El enfrentamiento surge, pues, cuando se pierde la confianza en los argumentos científicos y concurren discursos que se fundamentan sobre el supuesto de una verdad escondida o de una conspiración, motivados por la idea de que existen otros conocimientos alternativos. Dichas afirmaciones se exponen con la seguridad y el exceso de confianza que se tiene sobre la percepción del conocimiento científico (Fernández-Niño y Baquero, 2019). La idea de la “programación mental” es otra de las características del funcionamiento de las pseudociencias, la creencia en la intencionalidad, la idea de que todo está relacionado (Martínez-Gallo, 2020).

4.3 La encuesta

Análisis realizados durante la pandemia indican que la mayoría de las opiniones contrarias a la vacunación no se basaban en posturas negacionistas, sino en las dudas respecto a la eficacia de estas nuevas vacunas y sus posibles efectos secundarios. Así, en el momento en el que empezaron a disiparse las dudas sobre la efectividad de las vacunas contra la COVID-19, la opinión general de la población fue cambiando: en septiembre de 2020, el 40,3 % de los encuestados por el CIS sobre sus intenciones de vacunación contestaron que no se vacunarían, pero en febrero de 2021 la cifra cayó hasta el 6,5 % (Larrodo-Ureta et al., 2021).

Para dimensionar el fenómeno antivacunas en Cataluña, se analizaron los datos del proyecto CONTENT5, un estudio epidemiológico que, entre sus objetivos, tenía el de evaluar los efectos a largo plazo de la COVID-19, desde el estado inmunológico, la salud mental y las desigualdades sociales en el período posterior al confinamiento. Los participantes respondieron a un extenso cuestionario en el que se les preguntaba por el estado vacunal y las intenciones de vacunación contra la COVID, sobre el uso de mascarilla o sobre su valoración de la calidad de sus relaciones sociales. Los datos de la encuesta fueron recogidos entre junio de 2021 y enero de 2022. Un total de 7257 personas contestaron la encuesta, de las que un 58,5 % eran mujeres. Un total de 6.827 de los encuestados se habían vacunado (el 94 %) en el momento de la entrevista y 430 aún no lo habían hecho (5,93 %). A los no vacunados se les preguntó si se vacunarían: 215 contestaron afirmativamente (el 50 %), 117 que no lo sabían (27,21 %) y 98 que no lo harían en ningún caso (22,79 % de los no vacunados). Del total de los encuestados, los que no pensaban vacunarse en ningún caso representaban un 1,35 %, porcentaje ligeramente superior al 1 % determinado por Larrondo-Ureta et al. (2021). Se trata de las personas más intransigentes, las que consideraríamos que formarían parte del colectivo antivacunas.

Las edades de las personas encuestadas iban de los 22 a los 93 años, con una media de 56, sin observarse diferencias ni de nivel educativo ni de género entre vacunados y no vacunados. Para medir la penetración de los discursos de los grupos antivacunas, entre los datos recogidos se preguntaba a los que no se vacunarían (98) los motivos por los que no lo harían. Entre las opciones podían escoger más de una o explicar sus propias razones personales (ver Tabla 1):

Tabla 1. Motivos no vacunación

Lista de motivos

# Respuestas obtenidas

1. Efectos secundarios a corto plazo.

16

2. Efectos secundarios a largo plazo (autismo, cáncer, etc.).

48

3. No creo en su efectividad.

36

4. No la necesito, ya me protejo.

22

5. No la necesito, ya he pasado la COVID-19.

12

6. Prefiero que otros se vacunen antes.

11

7. Me vacunaría, pero no con la vacuna que me propusieron.

6

8. Me dan miedo las vacunas.

10

9. Me temo que los riesgos de la vacuna son mayores que los beneficios.

40

10. Las vacunas contienen otros elementos que son perjudiciales para mí.

14

11. Las vacunas tienen microchips que permiten al Gobierno rastrear a las personas.

1

12. Creo que el coronavirus es una invención para controlarnos.

4

13. Otros.

21

Fuente: elaboración propia.

En las respuestas, se puede observar la preocupación por los efectos secundarios o la posible relación de las vacunas con el autismo. Algunas personas afirmaban no creer en la eficacia de las vacunas o tener una alta percepción de riesgo, algunas respuestas estaban relacionadas con el coste/beneficio, pero también hay respuestas relacionadas con las teorías de la conspiración (motivos 10, 11 y 12) y con los motivos personales (13) expuestos por los participantes.

En CONTENT se pedía a los participantes que valoraran la situación de sus relaciones personales (familia, convivientes, amistades y entorno laboral), en concreto el nivel de tensión, primero durante el confinamiento y después en el momento de responder el cuestionario. En la tabla 2 se observa, como dato significativo, que la categoría “mucha tensión” entre los No vacunados se mantiene igual entre el confinamiento y el momento de la encuesta (en desconfinamiento); y es considerablemente más alta entre las personas que no se vacunaron (7,14 %) si se compara con el total de los encuestados (1,63 %).

Tabla 2. Niveles de tensión en relaciones sociales de vacunados frente a no vacunados

Desde el inicio de la pandemia, ¿cómo definiría las relaciones con la familia/convivientes/amistades/trabajo, etc.?

 

Total encuestados

No vacunados

 

Número respuestas

%

Número respuestas

%

Durante el confinamiento (marzo-junio 2020)

Sin tensión

4480

61,77

60

61,22

Alguna tensión

2268

31,27

30

30,61

Mucha tensión

  460

  6,34

  7

  7,14

No lo sé

    45

  0,62

  1

  1,02

Cuando se realiza la encuesta (junio de 2021 - enero de 2022)

Sin tensión

5311

73,22

69

70,41

Alguna tensión

1764

24,32

21

21,43

Mucha tensión

  118

  1,63

  7

  7,14

No lo sé

    60

  0,83

  1

  1.02

Fuente: elaboración propia.

En cuanto a la preocupación por las libertades personales, los participantes fueron preguntados por las medidas de protección personal, específicamente sobre el uso de la mascarilla para salir a la calle (recordemos que era obligatoria). El 96,47 % del total de los encuestados afirmaban usar siempre la mascarilla, frente al 70,41 % de las personas que afirmaban que no se vacunarían.

5. Discusión

Quiero iniciar la discusión de este artículo estableciendo una diferencia entre las críticas y dudas legítimas hacia el funcionamiento de la industria farmacéutica, la gestión de las políticas de salud pública de las instituciones y la aprensión o dudas que un medicamento o vacuna pueda generar en un momento concreto, y los grupos antivacunas aquí analizados. Estos últimos son grupos de personas que comparten diversas características, como un conjunto de creencias o formas de entender el mundo y la naturaleza; Torres-González (2018) los denomina los recalcitrantes, los que no se vacunarán en ningún caso. Son grupos que durante la pandemia encontraron un momento de oportunidad política inmejorable para crecer y fortalecerse en todo el mundo.

En los grupos a los que se realizó el seguimiento, como Dulce Revolución, destaca la cosmovisión y el pensamiento New Age, que los hace más receptivos al uso de terapias alternativas. Otros destacan por la influencia que tiene la exposición a teorías de la conspiración en su intención de vacunar, como Juntos por la Verdad. Todos ellos comparten una manera diferente de interpretar la evidencia, la ley, el riesgo e incluso la ciencia (Torres-González, 2018; Hornsey et al., 2020), lo que les genera desconfianza tanto hacia el saber oficial como hacia la biomedicina (Jolley y Douglas, 2014; Hornsey et al., 2020).

El estallido de la pandemia y los diferentes confinamientos en muchos países provocaron que la gente utilizase Internet y las redes sociales para mantenerse informadas y conectadas, pero a la vez la población estuvo expuesta a todo tipo de información, tanto empírica y contrastada como basada en opiniones y experiencias. Durante este tiempo, los grupos antivacunas se mostraron especialmente activos, creando multitud de espacios online donde interactuar y compartir contenidos, estableciendo foros y espacios de protesta.

El alcance de sus mensajes se vio amplificado entre la sociedad durante la pandemia debido, en parte, a las consecuencias psicológicas de los confinamientos, la ansiedad generalizada y los elevados niveles de impacto emocional, que fueron el escenario ideal para que, gracias a las pautas de cultura global, ganasen terreno. Estas circunstancias permitieron a algunas personas encontrarse y constituirse como colectivo (Juntos por la Verdad), convirtiendo las plataformas online en su medio esencial de comunicación, relación y protesta. Estos individuos conectados en red, percibiendo como una injusticia las medidas restrictivas (confinamientos, uso de mascarilla, distanciamiento social) y las coercitivas (certificado COVID), se organizaron y pasaron a la acción (Castells, 2012b).

Hemos visto que los diferentes perfiles presentes en el movimiento antivacunas, a pesar de su heterogeneidad, comparten argumentos y pautas de construcción de la identidad similares. El antagonista, el enemigo, es un símbolo identitario en la construcción de grupos, todo lo que se dirige en contra de los antagonistas los cohesiona. Los enemigos son los que mueven los hilos —políticos, instituciones, farmacéuticas o profesionales sanitarios, a los que aluden como colaboradores necesarios en entramados complejos de complots secretos, amenazas y riesgos. Estos grupos tienen muy asociado el sentido de pertenencia, relacionado con el enfrentamiento como principio de funcionamiento del grupo, pues el conflicto los vincula como parte de la comunidad. Llevan las estrategias de confrontación más allá, adoptando la conciencia de no ser más que un representante de intereses supraindividuales que lucha por una causa que confiere al conflicto un carácter radical (Simmel, 2010), lo que enlaza con una idea persistente y común a todos los grupos analizados: la de estar constituidos por personas “iluminadas” que en un momento dado ven la luz y despiertan, siendo capaces de ver la realidad que queda oculta para el resto, algo que ellos saben y los demás, no.

Sus razonamientos son constructos que nacen en momentos de crisis o incertidumbre social, como la aparición repentina de la COVID, que, con Internet y las redes sociales, se convirtió en objeto de estudio y análisis científico, a la vez que en objeto de interés público-mediático (Larrondo-Ureta et al., 2021). Estas circunstancias contribuyeron al surgimiento de multitud de teorías que, transformándose rápidamente en un producto de consumo, favorecieron diferentes discursos y reivindicaciones políticas, sanitarias y antisistema. Pàmies afirmaba en su discurso que se estaba despertando la conciencia de la gente y la idea, expresada en un tono mesiánico, de que debía crearse una sociedad paralela remite a la descripción de Prat (2012) sobre los “nuevos imaginarios culturales”, los iluminados, los despiertos y los escogidos, a los que corresponde el establecimiento de un nuevo orden que dará origen a un mundo libre y utópico.

6. Conclusiones

Las vacunas son un éxito de la ciencia y una herramienta fundamental para la salud pública que contribuye a la drástica disminución de la morbilidad y la mortalidad de muchas enfermedades. Sin embargo, los grupos antivacunas están convencidos de todo lo contrario; según sus argumentos, las vacunas son en realidad ineficaces, inútiles e incluso peligrosas.

Estos colectivos encuentran en la red una fuente en la que nutrirse de artículos, noticias y testimonios que a veces están basados en la mera anécdota y no siempre suelen ser verificables, pero que se pueden difundir rápida y eficientemente.

La complejidad del análisis de dichos grupos radica en la heterogeneidad del movimiento. La existencia de diferentes grupos y actitudes colectivas e individuales dificulta su clasificación.

Durante el transcurso de la pandemia, los grupos antivacunas ganaron protagonismo mediático y social, pues las personas buscaban explicaciones simplificadoras de la realidad para poder entender lo que estaba sucediendo. Estas asociaciones, utilizando el conflicto como estrategia comunicativa, apelan al sentido de pertenencia al grupo como símbolo identitario basado en la confrontación con un enemigo común (instituciones, políticos, profesionales sanitarios, etc.) y ofrecen una simplificación de un mundo complejo.

Agradecimientos

El proyecto CONTENT está financiado por la Fundación “la Caixa” (SR20-01024), GCAT-Genomes for Life, de la Fundación IGTP, y parte del Programa CERCA / Generalitat de Catalunya, cuenta con el apoyo de Acción de Dinamización del ISCIII-MINECO y el Departamento de Salud de la Generalitat de Catalunya (ADE 10/00026) y AGAUR (2017-SGR 529).

Referencias

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1 https://www.isglobal.org/-/content

2 Sustancia introducida por Jim Humble como tratamiento para curar la malaria, el autismo, el cáncer, el sida o el acné. La venta del producto como terapia fue prohibida en España en 2010. Las siglas MMS son las siglas en inglés de Miracle Mineral Solution.

3 World Wide Demonstration es una manifestación comunitaria sindicada contra las restricciones relacionadas con la COVID en diferentes países.

4 Plandemia: juego de palabras entre plan y pandemia que hace referencia a la teoría que considera que es un plan elaborado para el control social mundial con el objetivo de aplicar la Agenda 2030.

5 https://www.isglobal.org/-/content